DECLARACIÓN DE PROPÓSITO

LLAMADOS para dar buenas nuevas a los pobres; ENVIADOS a sanar a los quebrantados de corazón; PREGONANDO libertad a los cautivos, ORANDO por vista a los ciegos; CREYENDO por libertad para los oprimidos y PREDICANDO el año agradable del Señor.

FE

En nuestra teología somos REFORMADOS.
En nuestra adoración, somos CRISTOCENTRICOS.
En nuestro llamado, somos MISIONALES.
En nuestra visión de liderato, somos COMPLEMENTARISTAS.

COMPROMISO

Proclamar la autoridad de la Palabra de Dios sin excusas. 2 Timoteo 4:2
Exaltar el nombre de Jesús a través de la adoración. Juan 4:24
Creer firmemente en el poder de la oración. Efesios 6:18
Compartir las Buenas Nuevas de Jesús con denuedo. Efesios 6:19-20.

DOCTRINAS BÍBLICAS

Dios es Uno y es Trino

Hay un solo Dios: Infinito, Eterno, Todopoderoso y Perfecto en Santidad, Verdad y Amor. En la unidad de la Divinidad, hay tres personas – Padre, Hijo y Espíritu Santo, co-existentes, co-iguales y co-eternos. El Padre no es el Hijo, y el Hijo no es el Espíritu Santo, pero cada uno es verdaderamente Deidad. Un Dios -Padre, Hijo y Espíritu Santo- es el fundamento de la fe cristiana y la vida.

Dios el Padre

Dios el Padre, es el Creador del cielo y de la tierra. Por medio de Su palabra y para Su gloria, Él libre y sobrenaturalmente creó el mundo de la nada. A través de la misma Palabra, Él diariamente sostiene todas sus criaturas. Él gobierna sobre todo y, junto con el Hijo y el Espíritu, es el único Soberano. Sus planes y propósitos no pueden ser frustrados. Él es fiel a todas sus promesas, todas las cosas ayudan a bien a los que le aman y, en su gracia inescrutable, dio a su Hijo, Jesucristo, para la redención de la humanidad. Él hizo todas las cosas para alabanza de Su gloria y pretende que el hombre viva en comunión con Él mismo.

Jesucristo

Jesucristo, el Hijo Unigénito de Dios, es la Palabra eterna hecha carne, sobrenaturalmente concebido por el Espíritu Santo, nacido de la Virgen María. Él es perfecto en naturaleza, enseñanza y obediencia. Él es plenamente Dios y plenamente hombre. Siempre estaba con Dios, y es Dios. Por medio de Él todas las cosas fueron hechas y fueron creadas. Él era antes de todas las cosas, y en Él todas las cosas subsisten por la Palabra de Su poder. Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación, y en él habita corporalmente la plenitud de la Deidad.

Él es el único Salvador de los pecados del mundo, después de haber derramado Su sangre y muerto vicariamente en la cruz del Calvario. Por su muerte en nuestro lugar, Él reveló el amor divino y confirmó la justicia divina, quitando nuestra culpabilidad y reconciliándonos con Dios. Habiéndonos redimido del pecado, al tercer día, resucitó de la tumba, victorioso sobre la muerte y de los poderes de las tinieblas y durante un período de 40 días, apareció a más de 500 testigos, realizando muchas pruebas convincentes de Su resurrección. Él ascendió al cielo y estando a la diestra de Dios, Él intercede por Su pueblo y gobierna como Señor sobre todo, en espera de Su regreso. Él es la Cabeza de su Cuerpo y de la Iglesia y debe ser adorado, amado, servido y obedecido por TODOS.

El Espíritu Santo

El Espíritu Santo, Señor y dador de vida, convence al mundo de pecado, de justicia y de juicio. A través de la proclamación del Evangelio, Él persuade a los hombres a arrepentirse de sus pecados y confesar a Jesús como Señor. Por el mismo Espíritu, una persona es llevada a confiar en la misericordia divina. El Espíritu Santo une a los creyentes con Jesucristo mediante la fe, produce un nuevo nacimiento y habita dentro de esa persona regenerada. El Espíritu Santo ha venido para glorificar al Hijo que, a su vez, vino a glorificar al Padre. El dirigirá la Iglesia en una comprensión correcta sobre la verdad de la Palabra. Él debe ser respetado, honrado y adorado como Dios, la Tercera Persona de la Trinidad. A la misma vez, no creemos que el Espíritu de Dios sigue dando dones apostólicos a las personas, que las manifestaciones del Espíritu en una vida son las lenguas, las caídas al piso, el éxtasis y andar guiado por sueños, corazonadas y/o sentimientos.

Las Escrituras

Aceptamos la Biblia, incluyendo los 39 libros del Antiguo Testamento y los 27 libros del Nuevo Testamento, como la Palabra escrita de Dios. La Biblia es el registro esencial e infalible de la auto-comunicación de Dios revelada a la humanidad. Esto nos lleva a la salvación por la fe en Jesucristo. Al ser dado por Dios, las Escrituras son ambos, completamente y verbalmente inspiradas por Dios. Por lo tanto, en su forma original, la Biblia está libre de errores en todo lo que enseña. Cada libro debe ser interpretado de acuerdo con su contexto y efecto, y en reverencia y obediencia al Señor que habla a través de Él. Todos los creyentes son exhortados a estudiar diligentemente las Escrituras y aplicarlas a sus vidas. Las Escrituras son la norma autoritativa y normativa y guía de toda la vida cristiana, la práctica y la doctrina. Son totalmente suficiente y no debe añadirse, reemplazarse o cambiarse por la tradición posterior, revelación extra-bíblica o la sabiduría mundana. Cada formulación doctrinal, ya sea de credo, confesión o teología, debe ser puesta a prueba de todo el consejo de Dios en la Sagrada Escritura.

El Hombre

Dios hizo al hombre -varón y hembra- a Su propia imagen, como la corona de la creación para que el hombre le glorificara a través de disfrutar la comunión con Él. Tentado por Satanás, el hombre se rebeló contra Dios. Al estar alejado de su Creador pero responsable a Él, se convirtió en objeto de la ira divina, interiormente depravados y aparte de una obra especial de la gracia, totalmente incapaz de volver a Dios. Esta depravación es radical y penetrante. Su depravación se extiende a su mente, voluntad y emociones. El hombre no regenerado vive bajo el dominio del pecado y de Satanás. Él está en enemistad, es hostil y odia a Dios. Personas caídas o pecadoras, sin importar su carácter o logros, se pierden sin esperanza sino es por la salvación sólo en Jesucristo.

El Evangelio

Jesucristo es el Evangelio. La buena noticia es revelada en Su nacimiento, vida, muerte, resurrección y ascensión. La crucifixión de Cristo es el corazón del Evangelio, Su resurrección es el poder de la Evangelio y Su ascensión es la gloria del Evangelio. La muerte de Cristo es un sacrificio expiatorio y propiciatorio a Dios por nuestros pecados. Satisface las exigencias de la santa voluntad de Dios y la justicia aplaca Su ira santa. También muestra Su misterioso amor y revela Su gracia increíble. Jesucristo es el único mediador entre Dios y el hombre. No hay otro nombre por el cual los hombres puedan ser salvados. El corazón de toda doctrina es la cruz de Jesucristo y el privilegio infinito para que pecadores redimidos puedan glorificar a Dios a causa de lo que Él ha logrado. Por lo tanto, queremos que todo lo que ocurra en nuestros corazones, iglesias y ministerios proceden de estar relacionados con el Evangelio.

Respuesta del Hombre al Evangelio

La respuesta apropiada al Evangelio es la fe en la persona y la obra de Jesucristo, una fe que es, naturalmente, acompañada por arrepentimiento del pecado. Arrepentimiento bíblico se caracteriza por un cambio de vida y la fe salvadora se manifiesta en un reino de servicio y obras. Aunque ni el arrepentimiento ni las obras salvan, creemos que a menos que una persona no esté dispuesta a negarse a sí mismo, tomar su cruz y seguir a Cristo, no puede ser Su discípulo. Esta respuesta al Evangelio está arraigada y cimentada en la elección gratuita e incondicional de Dios para Su propio placer y gloria. Este Evangelio de la gracia es el que se predica sinceramente a todos los hombres en todas las naciones.

La Herencia del Hombre a través del Evangelio

La salvación, el don gratuito de Dios, es proporcionada por la gracia solamente, a través de la fe solamente, a causa de Cristo solamente, para la gloria de Dios solamente. Cualquier persona que se torna de su pecado en arrepentimiento y buscando a Cristo y Su muerte sustituta; recibe el don de la vida eterna y es declarado justo por Dios como un don gratuito. La justicia de Cristo es imputada a él. Él está justificado y plenamente aceptado por Dios. A través de la expiación de Cristo por el pecado, un individuo se ha reconciliado con Dios como Padre y se convierte en su hijo. Al creyente le es perdonado la deuda de su pecado y por el milagro de la regeneración, liberado de la ley del pecado y de la muerte en la libertad del Espíritu de Dios.

Santificación

El Espíritu Santo es el agente activo en nuestra santificación y busca producir Su fruto en nosotros como nuestras mentes se renuevan y están conformes a la imagen de Cristo. A pesar de que el pecado que mora en nosotros sigue siendo una realidad; a medida que somos guiados por el Espíritu, crecemos en el conocimiento del Señor, libremente guardamos Sus mandamientos y tratamos de vivir de tal manera que todas las personas puedan ver nuestras buenas obras y glorifiquen al Padre que está en los cielos. Todos los creyentes son exhortados a perseverar en la fe, sabiendo que tendrán que dar cuenta a Dios por cada pensamiento, palabra y obra.

Las disciplinas espirituales, especialmente el estudio bíblico, la oración, la adoración y la confesión, son un medio vital de la gracia en este sentido. Sin embargo, la confianza final del creyente para perseverar se basa en la promesa segura de Dios de preservar a Su pueblo hasta el fin.

Fortalecidos por el Espíritu

El Espíritu Santo da poder a los creyentes para el testimonio cristiano y servicio. La promesa del Padre es de libre acceso para todos los que crean en Jesucristo. Él llama a los hombres al Salvador, y efectúa la regeneración. En el momento de la regeneración, Él bautiza a cada creyente en el Cuerpo de Cristo. Según las Escrituras es el Originador de una nueva vida, es el Agente de la santificación del creyente, el Iluminador de los hijos de Dios, su Ayuda en la oración, su Conforte en este peregrinar, es por Su divino poder que hemos creído, creemos y perseveraremos creyendo en Cristo nuestro Señor, quien genera el fruto espiritual tan necesario para todo hijo de Dios.

La Iglesia

Dios, por Su Palabra y Su Espíritu, creó la Iglesia, llamando a hombres pecadores a entrar en comunión con el cuerpo de Cristo. Por la misma Palabra y Espíritu, Él guía y preserva a la nueva humanidad redimida. La Iglesia no es una institución religiosa. Por el contrario, la Iglesia se compone de aquellos que se han convertido en verdaderos seguidores de Jesucristo y personalmente se han apropiado del Evangelio. La Iglesia existe para alabar y glorificar a Dios como Padre, Hijo y Espíritu Santo. También existe para servirle fielmente haciendo Su voluntad en la Tierra. Esto implica un compromiso de ver el Evangelio predicado e iglesias plantadas en todo el mundo, para testimonio. La última misión de la Iglesia es la adoración, y esto se logra a través de hacer discípulos, a través de la predicación y de abrazar el Evangelio. Cuando Dios transforma la naturaleza humana, esto se convierte en el principal medio de transformación de la sociedad. Tras la conversión, hombres y mujeres recién redimidos se suman a una iglesia local en la que son enseñados, donde tienen compañerismo, donde comparten la Cena del Señor y viven una vida de oración.

Todos los miembros de la Iglesia deben ser una parte vital y comprometida de una iglesia local. En este contexto, son llamados a salir del Nuevo Pacto como el pueblo de Dios y demostrar la realidad del reino de Dios. Cristo ascendido ha establecido diferentes ministerios a fin de perfeccionar el cuerpo de Cristo para que pueda madurar y crecer. A través de los ministerios, todo miembro de la Iglesia ha de ser alimentado y equipado para la obra del ministerio. En el contexto de la iglesia local, el pueblo de Dios recibe atención pastoral y de liderazgo y la oportunidad de emplear sus dones dados por Dios a Su servicio en relación unos con otros y con el mundo.

Las Ordenanzas de la Iglesia

El Bautismo en Agua sirve sólo para la persona que ha recibido los beneficios de la salvación por la obra expiatoria de Cristo y quiere ser su discípulo. Por lo tanto, en obediencia a la ordenanza dada por Cristo y como un testimonio a Dios, la iglesia, y al mundo, un creyente debe ser sumergido en agua en el nombre del Padre, Hijo y Espíritu Santo. El Bautismo en Agua es un elemento visual y manifestación simbólica de la unión de una persona con Cristo en la semejanza de Su muerte y resurrección. Significa que su antiguo modo de vida ha sido condenado a muerte y describe una liberación del dominio del pecado.

Al igual que con el Bautismo en Agua, la Cena del Señor debe ser observada sólo por aquellos que se han convertido en verdaderos seguidores de Cristo. Esta ordenanza simboliza la ruptura del cuerpo de Cristo y el derramamiento de Su sangre por nosotros, y se observa repetidamente a lo largo de la vida cristiana como un signo de continua participación en los beneficios expiatorio de la muerte de Cristo. Al participar de la Cena del Señor, con una actitud de fe y de autoevaluación, recordamos y proclamamos la muerte de Cristo, recibimos alimento espiritual para nuestras almas, y significa nuestra unidad con otros miembros del cuerpo de Cristo.

La Consumación

La consumación de todas las cosas incluye el futuro, físico, retorno visible, personal y glorioso de Jesucristo, la resurrección de los muertos y la traducción de los vivos en Cristo, el juicio de los justos y los injustos, y el cumplimiento del reino de Cristo en cielo nuevo y tierra nueva. En la consumación, Satanás, con sus huestes y todos los que están fuera de Cristo, es finalmente separado de la benevolente presencia de Dios, al castigo eterno permanente pero los justos en cuerpos gloriosos, vivirán y reinarán con Él siempre, sirviéndole y dándole alabanza y gloria sin fin. Entonces la expectativa ansiosa de la creación se ha cumplido, y toda la Tierra proclamará la gloria de Dios, que hace todas las cosas nuevas.

La Familia

Dios ha ordenado la familia como una institución fundamental de la sociedad humana. Está compuesta de personas relacionada una con la otra por el matrimonio, por sangre o adopción. El matrimonio es la unión de un hombre y una mujer en un pacto comprometido durante su tiempo de vida. Es un don sólo de Dios revelar la unión entre Cristo y Su iglesia y proveer para el hombre y la mujer en matrimonio el patrón para un compañerismo intimo, el canal de expresión sexual acorde a los estándares Bíblicos, y los medios para la procreación de la raza humana.

El esposo y la esposa son de igual manera dignos ante Dios, desde que ambos son creados a la imagen de Dios. La relación matrimonial modela la forma en que Dios se relaciona con Su pueblo. Un esposo es para amar a su esposa como Cristo amó a la iglesia. El tiene la responsabilidad dada por Dios de proveer, proteger, y guiar su familia. Una esposa es para someterse gentilmente al liderazgo servidor de su esposo así como la iglesia se somete por voluntad propia al Señorío de Cristo. Ella, siendo la imagen de Dios así como su esposo y por lo tanto igual a el, tiene la responsabilidad dada por Dios de respetar a su esposo y servirlo como su ayuda en general en el hogar y en cuidar a la siguiente generación.

Los niños, desde el momento de la concepción, son una bendición y herencia del Señor. Los padres están para demostrar a sus niños el patrón de matrimonio del Señor. Los padres están para enseñar a sus niños los valores espirituales y morales y guiarlos a través de un ejemplo constante en el estilo de vida y disciplina amorosa, para tomar decisiones basados en la verdad Bíblica. Los niños están para honrar y obedecer a sus padres.

CONFESIÓN BAUTISTA DE FE DE 1689

1. Las Santas Escrituras

1. Las Santas Escrituras son la única toda suficiente, segura e infalible regla del conocimiento, fe y obediencia salvadoras.1 Aunque la luz de la naturaleza y las obras de creación y de la providencia manifiestan la bondad, sabiduría, y poder de Dios, de tal manera que los hombres quedan sin excusa, sin embargo, no son suficientes para dar aquel conocimiento de Dios y de su voluntad que es necesario para la salvación;2 por lo que le agradó al Señor, en varios tiempos y de diversas maneras revelarse a sí mismo y declarar su voluntad a su Iglesia;3 y además para conservar y propagar mejor la verdad y para el mayor consuelo y establecimiento de la Iglesia contra la corrupción de la carne y la malicia de Satanás y del mundo, le agradó dejar esa revelación por escrito, por todo lo cual las Santas Escrituras son muy necesarias, y tanto mas cuanto que han cesado ya los modos anteriores por los cuales Dios reveló su voluntad a su Iglesia.

(1)2Ti. 3:15-17; IS.8:20; LC 16:29,31; Ef. 2:20 (2) Ro. 1:19-21; Ro. 2:14,15; Sal. 19:1-3 (3)He. 1:1 (4)Pr. 22;19-21; Ro. 15:4; 2P. 1:19,20.

2. Bajo el titulo de las Santas Escrituras, la Palabra de Dios escrita, se contienen todos los libros del Antiguo y Nuevo Testamento, los cuales son como sigue:
.
ANTIGUO TESTAMENTO

Génesis
Exodo
Levítico
Números
Deuteronomio
Josué
Jueces
Rut
1ero de Samuel
2 do de Samuel
1º de Reyes
2º de Reyes
1º de Crónicas
2º de Crónicas
Esdras
Nehemías
Ester
Job
Salmos
Proverbios
Eclesiastés
Cantares
Isaías
Jeremías
Lamentaciones
Ezequiel
Daniel
Oseas
Joel
Amos
Abdias
Jonas
Miqueas
Nahúm
Habacuc
Sofonias
Hageo
Zacarías
Malaquías

.
NUEVO TESTAMENTO

Mateo
Marcos
Lucas
Juan
Hechos
Romanos
1ª Corintios
2ª Corintios
Gálatas
Efesios
Filipenses
Colosenses
1ª Tesalonicenses
2ª Tesalonicenses
1ª Timoteo
2ª Timoteo
Tito
Filemón
Hebreos
Santiago
1ª de Pedro
2ª de Pedro
1ª de Juan
2ª de Juan
3ª de Juan
Judas
Apocalipsis

.
Todos estos fueron dados por inspiración de Dios para que sean la regla de fe y vida.5

5 – Ti.3:16 Toda la Escritura es inspirada por Dios y es útil para la enseñanza, para la reprensión, para la corrección, para la instrucción en justicia,

3. Los libros comúnmente titulados Apócrifos, por no ser de inspiración divina, no deben formar parte del canon de las Santas Escrituras, y por lo tanto no son de autoridad para la Iglesia de Dios, ni deben aceptarse ni usarse sino de la misma manera que otros escritos humanos. 6 Lc 24:27,44 Y les dijo: –Estas son las palabras que os hablé, estando aún con vosotros: que era necesario que se cumpliesen todas estas cosas que están escritas de mí en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos. Rom 3:2 Mucho, en todo sentido. Primeramente, que las palabras de Dios les han sido confiadas.

4. La autoridad de las Santas Escrituras,; por la que ellas deben ser creídas y obedecidas, no depende del testimonio de ningún hombre o iglesia, sino enteramente del de Dios (quien en si mismo es la verdad), el autor de ellas; y deben ser creídas porque son la Palabra de Dios.7 2 Pe 1:19  También tenemos la palabra profética que es aun más firme. Hacéis bien en estar atentos a ella, como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que aclare el día y el lucero de la mañana se levante en vuestros corazones.20 Y hay que tener muy en cuenta, antes que nada, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada;21 porque jamás fue traída la profecía por voluntad humana; al contrario, los hombres hablaron de parte de Dios siendo inspirados por el Espíritu Santo.16 Toda la Escritura es inspirada por Dios y es útil para la enseñanza, para la reprensión, para la corrección, para la instrucción en justicia, 1 Te 2:13 Por esta razón, nosotros también damos gracias a Dios sin cesar; porque cuando recibisteis la palabra de Dios que oísteis de parte nuestra, la aceptasteis, no como palabra de hombres, sino como lo que es de veras, la palabra de Dios quien obra en vosotros los que creéis. 1 Jn 5:9 Si recibimos el testimonio de los hombres, el testimonio de Dios es mayor; porque éste es el testimonio de Dios: que él ha dado testimonio acerca de su Hijo.

5 El testimonio de la Iglesia puede movernos e inducirnos a tener para las Santas Escrituras una estimación alta y reverencial; a la vez el carácter celestial del contenido de la Biblia, la eficacia de su doctrina, la majestad de su estilo, la armonía de todas sus partes, el fin que se propone alcanzar en todo el libro (que es el de dar toda gloria a Dios), el claro descubrimiento que hace del único modo por el cual puede alcanzar la salvación el hombre, la multitud incomparable de otras de sus excelencias y su entera perfección, son todos argumentos por los cuales la Biblia demuestra abundantemente que es la palabra de Dios. Sin embargo, nuestra persuasión y completa seguridad de que su verdad es infalible y su autoridad divina, provienen de la obra del Espíritu Santo, quien da testimonio a nuestro corazón con la Palabra divina y por medio de ella.8 Jn. 16:13,14; 1 Co. 2:10-12; 1 Jn. 2:20, 27

6. Todo el consejo de Dios tocante a todas las cosas necesarias para su propia gloria; y para la salvación, la fe y la vida del hombre, está expresamente expuesto o implícitamente revelado en las Escrituras y, a esta revelación de su voluntad, nada será añadido, ni por nuevas revelaciones del Espíritu, ni por las tradiciones de los hombres.9

Sin embargo, confesamos que la iluminación interna del Espíritu de Dios es necesaria para que las cosas reveladas en la Palabra se entiendan de una manera salvadora,10 y que hay algunas circunstancias tocante al culto de Dios y al gobierno de la iglesia, comunes a las acciones y sociedades humanas, que deben arreglarse conforme a la luz de la naturaleza y de la prudencia cristiana, pero guardándose siempre las reglas generales de la palabra. 11- 9 2ªTi 3:15-17, Gá 1:8,9 10 Jn 6:45, 1ª Co 2:9-12, 11 1ª Co 11:13,14 1ª Co 14:26,40

7 Las cosas contenidas en las Escrituras, no son todas igualmente claras ni se entienden con la misma facilidad por todos; 12 sin embargo, las cosas que necesariamente deben saberse, creerse y guardarse para conseguir la salvación, se proponen y se declaran en uno u otro lugar de las Escrituras, de tal manera que no sólo los eruditos, sino aun los que no lo son, pueden adquirir un conocimiento suficiente de tales cosas por el debido uso de los medios ordinarios.13 122p. 3:16 13 Sal 19:7; Sal 119:130

8. El Antiguo Testamento se escribió en hebreo (que era el idioma común del pueblo de Dios antiguamente),14 y el Nuevo Testamento lo es en el griego (que en el tiempo en que fue escrito era el idioma más conocido entre las naciones), porque en aquellas lenguas fueron inspirados directamente por Dios, y guardados puros en todos los siglos por su cuidado y providencia especiales. Por esta razón debe apelarse finalmente a los originales en esos idiomas en toda controversia.15 Como estos idiomas originales no se conocen por todo el pueblo de Dios, el cual tiene el derecho de poseer las Escrituras y tiene gran interés en ellas, a las que según el mandamiento debe leer16 y escudriñar17 en el temor de Dios, se sigue que la Biblia debe traducirse a la lengua vulgar de toda nación a donde sea llevada,18 para que morando abundantemente la palabra de Dios en todos, puedan adorarle de una manera aceptable y para que por la paciencia y consolación de las Escrituras tengan esperanza. 19

14Ro. 3:2 15Is. 8:20 16Hch. 15:15 17Jn. 5:39 181 Co. 14:6,9,11,12,24,28 19Co1. 3:16; Ro. 15:4

9. La regla infalible para interpretar la; Biblia, es la Biblia misma, y por tanto, cuando hay dificultad respecto al sentido verdadero y pleno de un pasaje cualquiera (cuyo significado no es múltiple, sino uno solo), éste se puede buscar y establecer por otros pasajes que hablan con más claridad del asunto. 20  P. 1:20,21, Hch. 15:15,16

10. El Juez Supremo por el cual deben decidirse todas las controversias religiosas, todos los decretos de los concilios, las opiniones de los hombres antiguos, las doctrinas de hombres y de espíritus privados, y en cuya sentencia debemos descansar, no es ningún otro más que el veredicto bíblico dado por el Espíritu Santo. En tal veredicto descansa la fe.21

21Mt. 22:29-32; Ef. 2:20; Hch. 28:23

2. Dios y la Santa Trinidad

​1. No hay sino un solo Dios, el único viviente y verdadero.1 Existe por si mismo2 y es infinito en su ser y perfecciones. Su esencia no puede ser comprendida.3 El es espíritu purísimo,4 invisible, sin cuerpo, miembros o pasiones. Solo él posee inmortalidad y habita en luz inaccesible;5 quien es inmutable,6 inmenso,7 eterno,8 incomprensible, todopoderoso,9 e infinito. Es santo,10 sabio, libre, absoluto, que hace todas las cosas según el consejo de su propia voluntad (que es inmutable y justísima)’1 y para su propia gloria.12 También Dios es amoroso, benigno y misericordioso, longánimo, abundante en bondad y verdad, perdonando toda iniquidad, trasgresión y pecado, galardonador de todos los que le buscan con diligencia,13 y sobre todo muy justo y terrible en sus juicios,14 que odia todo pecado15 y que de ninguna manera dará por inocente al culpable.16

11 CO 8:4-6 Dt 6:4 2)Jer 10:10, Is. 48:12 3) Ex 3:14 4)Jn 4:24, 5)1 Ti 1:17; Dt 4:15,16 6) Mal. 3:6

7) 1 R. 8:27; Jer.23:23,24, 8) Sal 90:2 9) Gn. 17:1 10)Is 6:3 11)Sal 115:3; Is 46:10 12)Pr. 16:4 Ro 11:36 13) Ex 34:6,7; He 11:6 14)Neh. 9:32,33 15 Sal. 5:5,6 16 Ex. 34:7; Nah. 1:2,3

2. Dios posee en si mismo y por si mismo toda vida,17 gloria, 18 bondad 19 y bienaventuranza,’ es suficiente en todo en sí mismo y respecto a si mismo, no teniendo necesidad de ninguna de las criaturas que él ha hecho, ni derivando ninguna gloria de ellas, sino que solamente manifiesta su propia gloria en ellas, por ellas, hacia ellas y sobre ellas. El es la única fuente de todo ser, de quien, por quien y para quien son todas las cosas,21 teniendo sobre ellas el más soberano dominio, y, haciendo por ellas, para ellas y sobre ellas toda su voluntad.22

Todas las cosas están abiertas y manifiestas delante de su vista; 23 su conocimiento es infinito, infalible e independiente de toda criatura, de modo que para él no hay ninguna cosa contingente o dudosa.24 Es santísimo en todos sus consejos, en todas sus obras 25 y en todos sus mandatos. Siendo él el creador de los hombres y los ángeles, éstos le deben a él toda adoración, 26 servicio y cualquier cosa que él pudiera demandar de ellos.

23 He 4:13 24Ez. 11:5;Hch 15:18, 25 Sal 145:17 26Ap. 5:12-14

3. La Divinidad se compone de tres personas: Dios Padre, Dios Hijo (o Verbo) y Dios el Espíritu Santo. 27 Son uno en sustancia, poder y eternidad. Cada uno es enteramente Dios, pero a la vez Dios es uno e indivisible. 28 El Padre no es de nadie, ni es engendrado ni procedente de nadie; el Hijo es engendrado al eterno del Padre, 29 y el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo. 30 Estas tres personas divinas, siendo un solo Dios eterno, indivisible en su naturaleza y ser, son distinguidos en las Escrituras por sus relaciones personales dentro de la divinidad, y por la variedad de obras que efectúan. Su unidad triple (es decir, la Trinidad) es la base esencial de comunión con Dios y del consuelo que recibimos de nuestra confianza en él.

27i Jn. 5:7; Mt. 28:19: 2Co. 13:14 28Ex. 3:14; Jn. 14:11; 1 Co. 8:6 29Jn. 1:14,18 30 Jn 15:26; Gal. 4:6

3. El Decreto Eterno de Dios

1. Dios desde la eternidad, por el sabio y santo consejo de su voluntad, ordenó libre e inalterablemente todo lo que sucede.1 Sin embargo, lo hizo de tal manera, que Dios ni es autor del pecado ni comparte con los pecadores la responsabilidad del pecado2 ni hace violencia a la voluntad de  sus criaturas, ni quita la libertad ni contingencia de las causas secundarias sino más bien las establece.3 En todo esto se manifiesta la sabiduria divina al igual que su poder y fidelidad para efectuar aquello que se ha propuesto.4

1 Is. 46:10; Ef. 1:11; He. 6:17; Ro. 9:15,18 2Stg. 1:13; 1 Jn 1:5 3Hch. 4:27,28; Jn. 19:11 4Nm. 23:19; Ef 1:3-5

Aunque Dios sabe todo lo que puede suceder en toda clase de condición o contingencia que se puede suponer, 5 sin embargo, nada decretó porque lo preveía como porvenir o como cosa que sucedería en circunstancias dadas.6

5Hch. 15:18 2.6Ro. 9:11,13,16,18

3. Por el decreto de Dios y para la manifestación de su propia gloria, algunos hombres y angeles son predestinados (o pre-ordenados) a vida eterna por medio del Señor Jesucristo, 7 para la alabanza y gloria de su gracia. 8 A los demás, él ha dejado para que sean condenados en sus pecados, para la alabanza de su gloriosa justicia.9

Ti. 5:21; Mt. 25:34 8Ef. 1:5,6 9Ro. 9:22,23; Jud. 4

4. Estos hombres y ángeles así predestinados y preordenados, están designados particular e inalterablemente, y su número es tan cierto y definido que ni se puede aumentar ni disminuir. 10

10Jn. 13:18; 2Ti.2:19

5. A aquellos que Dios ha predestinado para vida desde antes que fuesen puestos los fundamentos del mundo, conforme a su eterno e inmutable propósito y al consejo y beneplácito secreto de su propia voluntad, los ha escogido en Cristo para la gloria eterna; mas esto por su libre gracia y puro amor,11 sin cualquiera otra cosa en la criatura como condición o causa que le mueva a ello.12

11Ef. 1:4,9,11; Ro.8:30; 2TI.1:9; 1 Ts. 5:9 12Ro. 9:13,16; Ef. 2:5,12

6. Así como Dios ha designado a los elegidos para la gloria, de la misma manera, por el propósito libre y eterno de su voluntad, ha preordenado también los medios para ello.13 Por tanto, los que son elegidos, habiendo caído en Adam, son redimidos por Cristo,14 y en debido tiempo eficazmente llamados a la fe en Cristo por el Espíritu Santo; son justificados, adoptados, santificados,15 y guardados por su poder, por medio de la fe, para salvación.16 Nadie más será redimido por Cristo, eficazmente llamado, justificado, adoptado, santificado y salvado, sino solamente los elegidos.17

13 1 P. 1:2; 2Ts.2:13 141 Ts. 5:9,10 15Ro. 8:30; 2Ts.2:13 16 1 P. 1:5 17Jn. 10:26; Jn. 17:9; Jn.6:64

7 La doctrina de este alto misterio de la predestinación debe tratarse con especial prudencia y cuidado, para que los hombres, persuadidos de su vocación eficaz, se aseguren de su elección eterna,18 y atendiendo a la voluntad revelada en la palabra de Dios, cedan la obediencia a ella. De esta manera esta doctrina proporcionará motivos de alabanza,19 reverencia y admiración a Dios; y también de humildad,20 diligencia y abundante consuelo a todos los que sinceramente obedecen al evangelio.21

18 1 Ts. 1:4,5; 2P.1:10  19Ef. 1:6; Ro. 11:33 20Ro. 11:5,6,20 21Lc 10:20

4. La Creación

1. En el principio agradó a Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo,1 para la manifestación de la gloria de su poder,2 sabiduría y bondad eternas, crear o hacer el mundo y todas las cosas que en él están, ya sean visibles o invisibles, en el espacio de seis días y todas muy buenas.3

1Jn. 1:2,3; He. 1:2; Job 26:13 2Ro. 1:20 3Col. 1:16; Gn. 1:31 1

2. Después que Dios hubo creado todas las demás criaturas, creó al hombre, varón y hembra,4 con alma racional e inmortal,5 y en toda manera posible les preparó para una vida en armonía con él. Fueron creados a su imagen, dotados de conocimiento, justicia y santidad verdadera,6 teniendo la ley de Dios escrita en su corazón,7 y dotados del poder de cumplirla; sin embargo, había la posibilidad de que la quebrantaran dejados a la libertad de su voluntad que era mudable.8

4 Gn. 1:27 5 Gn. 2:7 6Ec. 7:29; Gn. 1:26 7Ro 2:14,15 8 Gn. 3:6

Además de esta ley escrita en su corazón, recibieron el mandato de no comer del árbol de la ciencia del bien y del mal, 9 y mientras guardaron este mandamiento, fueron felices, gozando de comunión con Dios, y teniendo dominio sobre las criaturas.10

9Gn.2:17 3 10 Gn 1:26,28

5. La Providencia

1. Dios, el buen creador de todo, en su poder y sabiduría infinita, sostiene, dirige, dispone y gobierna a todas las criaturas y cosas,1 desde la más grande hasta la más pequeña,2 por su sabia y santa providencia. Dios cumple con los propósitos para los cuales él creó estas cosas, conforme a su presciencia infalible, y al libre e inmutable consejo de su propia voluntad, para la alabanza de la gloria de su sabiduría, poder, justicia, bondad y misericordia.3

1He. 1:3;Job 38:11;Is. 46:10,11;Sal. 135:6 2Mt. 10:29-31 3Ef. 1:11 4Hch. 2:23 5 Pr. 16:33 6gn. 8:22

2. Aunque con respecto a la presciencia y decreto de Dios, causa primera, todas las cosas sucederán inmutable e infaliblemente,4 de modo que nada ocurre por suerte o fuera de la esfera de su providencia;5 sin embargo, por la misma providencia las ha ordenado de tal manera, que sucederán conforme a la naturaleza de las causas secundarias, sea necesaria, libre o contingentemente.6

3. Dios en su providencia ordinaria hace uso de medios;7 a pesar de esto, él es libre para obrar sin ellos,8 sobre ellos,9 y contra ellos,10 según le plazca.

7Hch. 27:31,44; Is. 55:10,11 8 Os. 1:7 9Ro. 4:19-21 10Dn. 3:27

4. El poder todopoderoso, la sabiduría inescrutable y la bondad infinita de Dios se manifiestan en su providencia de tal manera que su propósito soberano se extiende aun hasta la primera caída y a todos los otros pecados de los ángeles y de los hombres,11 y esto no sólo por un mero permiso, sino que él sabia y poderosamente limita, ordena y gobierna,12 en varias formas, las acciones pecaminosas de tal manera que éstas llevan a cabo sus designios santos,13 pero de tal modo, que lo pecaminoso procede sólo de la criatura, y no de Dios, quien es justísimo y santísimo, y por eso, no es, ni puede ser el autor o aprobador del pecado.14

11Ro. 11:32-34; 25.24:1; 1 Cr. 21:1 122 R. 19:28; Sal. 76:10 130n. 50:20; Is. 10:6,7,12 14Sa1. 50:21; 1 Jn. 2:16

5. El todo sabio, justo y benigno Dios, a menudo deja por algún tiempo a sus hijos en las tentaciones multiformes y en la corrupción de sus propios corazones, a fin de corregirles de sus pecados anteriores o para descubrirles la fuerza oculta de la corrupción, para humillarlos, y para infundir en ellos el sentimiento de una dependencia más íntima y constante de él para su apoyo, y para hacerles más vigilantes contra todas las ocasiones futuras del pecado, y para otros muchos fines santos y justos.15

152 Cr. 32:25,26,31; 2 Co. 12:7-9 16 Ro. 8:28

Su santo y justo propósito es obrado de tal forma que todo lo que ocurre a sus elegidos es según su designio, para su gloria y para el bien de ellos.16

6. En cuanto a aquellos hombres malvados e impíos a quienes Dios como juez justo ha cegado y endurecido a causa de sus pecados anteriores,17 no sólo les retira su gracia por la cual podrían haber alumbrado sus entendimientos y ejercitado sus corazones,18 sino también algunas veces les retira los dones que ya tenían,19 y los deja expuestos a objetos que son causa de pecado debido a la corrupción humana,20 y a la vez les entrega a sus propias concupiscencias, a las tentaciones del mundo y al poder de Satanas,21 de donde sucede que se endurecen bajo los mismos medios que Dios emplea para ablandar a los demás.22

17Ro. 1:24-26,28; Ro. 11:7,8 18Dt. 29:4 19 Mt. 13:12 20 Dt 2:30; 2 R. 8:12,13 2 Ts. 2:10-12 22 Ex 8:15,32; Is.6:9,10; 1 P.2:7,8

7. Así como la providencia de Dios alcanza, en general a todas las criaturas, así también de un modo especial cuida a su Iglesia y dispone todas las cosas para el bien de ella. 23

23 1 Ti. 4:10; Am. 9:8,9; Is 43:3-5

6. La Caída del Hombre, el Pecado y su Castigo

​1. El hombre, según vino de la mano de Dios, su creador, era perfecto y limpio. La ley justa que Dios le dio hablaba de vida condicionada a su obediencia y amenazaba con muerte la desobediencia.1 La obediencia de Adán fue muy corta. Satanás usó la sutil serpiente para traer a Eva al pecado y entonces ella sedujo a Adán, quien sin ninguna fuerza de afuera, libremente violó la ley bajo la cual habían sido creados y también el mandamiento de Dios de no comer del fruto prohibido.2 Plugo a Dios, conforme a su sabio y santo propósito, permitir este pecado proponiéndose ordenarlo para su propia gloria.

1Gn. 2:16,17 2Gn. 3:12,13;2 Co. 11:3

2. Por este pecado, nuestros primeros padres cayeron de su justicia original y perdieron la comunión con Dios. El pecado de ellos nos envolvió a todos y a través de este pecado la muerte pasó a todos.3 Todos los hombres vinieron a ser muertos en pecado,4 y totalmente corrompidos en todas las facultades y partes del alma y del cuerpo.5

3Ro. 3:23 4Ro. 5:12-21 5Tit 1:15;Gn. 6:5; Jer. 17:9; Ro. 3:1~19

3. Siendo ellos la raíz de la raza humana, y por la ordenanza de Dios estando Adan en el lugar de toda la humanidad, la culpa de este pecado fue imputada a su posteridad, y la naturaleza corrompida se transmitió a aquella que desciende de ellos según la generación ordinaria.6 Todos los hombres, siendo concebidos en pecado,7 y por naturaleza hijos sujetos a la ira de Dios,8 siervos del pecado y sujetos a la muerte,9 son dados a inexplicables miserias espirituales, temporales y eternas, a no ser que el Señor Jesucristo los libere.10

6 Ro. 5:12-19; 1 Co. 15:21,22,45,49 7Sal. 51:5; Job 14:4 8Ef. 2:3 9Ro. 6:20; 5:12

10 He.2:14,15;1 Ti. 1:10

4. De esta corrupción original, por la cual carecemos de disposición y aptitud para todo bien y estamos opuestos a este bien, así como enteramente inclinados a todo mal,11 dimanan todas nuestras transgresiones actuales.12

11Ro. 8:7; Col. 1:2112Stg. 1:14; Mt. 15:19

5. Esta corrupción de naturaleza dura toda esta vida aun en aquellos que son regenerados;13 y, aun cuando sea perdonada y amortiguada por medio de la fe en Cristo, sin embargo, ella, y todos los efectos de ella son verdadera y propiamente pecado.14

13Ro. 7:18,23;Ec. 7:20;1Jn. 1:8 14Ro. 7:23-25;Gá. 5:17

7. El Pacto de Dios

1. La distancia que media entre Dios y la criatura es tan grande, que aun cuando las criaturas racionales le deben obediencia como a su creador, sin embargo, ellas no podrán nunca llegar a vida espiritual, si no es por alguna condescendencia voluntaria de parte de Dios, habiéndole placido a éste expresarla por medio de un pacto.1

1Lc. 17:10; Job 35:7,8

2. Además, ya que el hombre, por razón de su caída en el pecado, se colocó a sí mismo bajo la maldición de la ley de Dios,2 le plació al Señor hacer un pacto de gracia, según el cual Dios ofrece libremente a los pecadores vida y salvación por Jesucristo,3 exigiéndoles la fe en éste para que puedan ser salvos, y prometiendo dar su Espíritu Santo a todos aquellos que ha ordenado para vida eterna, dándoles así voluntad y capacidad para creer.4

2Gn. 2:17; Gá. 3:10 3Ro. 8:3;Mr. 16:15,16; Jn. 3:16 4 Ez. 36:26,27; Jn. 6:44,45; Sal. 110:3

3. El pacto de Dios es revelado en el evangelio; en primer lugar a Adán en la promesa de salvación a través de la simiente de la mujer,5 y luego, paso a paso hasta la entera revelación de salvación en el Nuevo Testamento.6 La salvación de los elegidos esta basada en un pacto de redención que fue trazado en la eternidad entre Dios Padre e Hijo,7 y es únicamente a través de la gracia dada en este pacto que todos los descendientes del Adán caído, quienes han sidos salvados, han obtenido vida e inmortalidad bendita, pues los términos de bendición que aplicaban a Adán en su estado de inocencia no son aplicables a su posteridad para hacerles acceptables ante Dios.8

5Gn. 3:15 6He. 1:1 7 2Ti. 1:9; Tit. 1:2 8He. 11:6,13; Ro. 4:1,2,etc.; Hch. 4:12; Jn.8:56

8. Cristo el Mediador

1. Agradó a Dios en su propósito eterno, escoger y ordenar al Señor Jesucristo, su unigénito Hijo, de acuerdo al pacto en el cual habían entrado, para que fuese el mediador entre Dios y el hombre,1 como tal, él es profeta,2 sacerdote 3 y Rey, 4 el Salvador y cabeza de su Iglesia,5 el heredero de todas las cosas,6 y juez mundo;7 desde la eternidad le dió Dios un pueblo para que fuese su simiente y para que a su debido tiempo lo redimiera, llamara, justificara, santificara y glorificara.8;

1Is.42-1; 1 P. 1:19,20; 2Hch. 3:22 3He. 5:5,6 4 Sal 2:6; 5Ef. 1:22,23 6Hc. 1:2 7Hch. 17:31 8Is. 53:10 Jn. 17:6; Ro. 8:30

2. El Hijo de Dios, la segunda persona de la Santa Trinidad, siendo verdadero y eterno Dios, la brillantez de la gloria de su Padre, igual y de una sustancia con Él, quien hizo el mundo y mantiene y gobierna todas las cosas que ha hecho, habiendo llegado la plenitud del tiempo, tomó sobre si la naturaleza del hombre con todas sus propiedades esenciales y con sus debilidades comunes,9 mas sin pecado.10 Fue concebido por el Espíritu Santo en el vientre de la Virgen Maria, una mujer perteneciente a la tribu de Judá. El Espíritu Santo vino sobre ella y el poder de Dios la cubrió. Y así, según las Escrituras, fue hecho él de una mujer, descendiente de Abraham y David.11 Así que, dos naturalezas perfectas y distintas, se unieron inseparablemente en una persona,
pero sin conversión, composición o confusión alguna. Esta persona es verdadero Dios y verdadero hombre, Cristo, el único mediador entre Dios y el hombre.12

9Jn. 1:14;Gá. 4:4 10RO. 8:3; He. 2:14,16,17; He. 4:15 11Mt. 1:22,23; Lc. 1:27,31,35 12Ro. 9:5; lTi.2:5

3. El Señor Jesús, en su naturaleza humana unida así a la divina, en la persona del Hijo, fue ungido y santificado cón el Espíritu Santo sobre toda medida,13 y posee todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento,14 pues agradó al Padre que en él habitase toda plenitud,15 a fin de que siendo santo, inocente, inmaculado,16 lleno de gracia y de verdad,17 fuese del todo apto para desempeñar los oficios de mediador y fiador.18 Cristo no tomó por sí mismo estos oficios, sino que fue llamado para ello por su Padre,19 quien puso en él todo juicio y poder, y le autorizó para que desempeñara tales oficios.20

13 Sal. 45:7; Hch. 10:38; Jn 3:34 14Co1. 2:3 15Col 1:19 16He. 7:26 17Jn. 1:14 18He. 7:22 19He. 5:5 20 Jn. 5:22,27; Mt. 28:18; Hch. 2:36

4. El Señor Jesús, con la mejor voluntad tomó para si estos oficios,21 y para desempeñarlos, se puso bajo la ley,22 la que cumplió perfectamente. También sufrió el castigo que nos tocaba a nosotros y que debíamos haber sufrido,23 pues él llevó nuestros pecados y fue acusado en nuestro lugar.24 Padeció dolores en su alma más allá de nuestro entendimiento y los más grandes sufrimientos en su cuerpo:25 fue crucificado y murió, y permaneció bajo el poder de la muerte, aun cuando no vio corrupción.26 Al tercer día se levantó de entre los muertos27 con el mismo cuerpo que tenía cuando sufrió,28 con el cual también ascendió al cielo29 donde se sentó a la diestra del Padre. Allí intercede por su pueblo,30 y cuando sea el fin del mundo, volverá para juzgar a los hombres y a los ángeles.31

21Sal. 40:7,8; He. 10:5-10; Jn. 5:18 22Gá. 4:4; Mt. 3:15 23 Gá 3:13; Is. 53:6; 1 P. 3:18 24 2 Co. 5:21 25Mt. 26:37,38;Lc 22:44; Mt. 27:46 26Hch. 13:37 271

Co. 15:3,4 28Jn. 20:25,27 29Mr.16:19; Hch. 1:9-11 30 Ro 8:34; He. 9:24 31Hch. 10:42;Ro. 14:9,10;Hch. 1:11;2 P. 2:4

5. El Señor Jesucristo, por su perfecta obediencia y por el sacrificio de sí mismo que ofreció una sola vez por el Espíritu eterno de Dios, ha satisfecho plenamente a la justicia de Dios.32 El ha efectuado la reconciliación y ha comprado un herencia eterna en el reino de los cielos para todos aquellos dados a él por el Padre.33

32 He. 9:14; Re. 10:14; Ro. 3:25,26 33 Jn. 17:2; He.9:15

6. Aun cuando el precio de la redención no fue actualmente pagado, sino hasta la encarnación, sin embargo, la virtud, la eficacia y los beneficios de ella, se comunicaban a los escogidos en todas las épocas transcurridas desde el principio, en las promesas, tipos y sacrificios, y por medio de estas cosas, por las cuales Cristo fue revelado y designado como la simiente que quebrantaria la cabeza de la serpiente,34 y como el cordero inmolado desde la fundación del mundo;35 siendo él, el mismo ayer, hoy y por siempre.36

341 Co. 10:4; He. 4:2; 1 P. 1:10,11 35Ap. 13:8 36He. 13:8

7. Cristo en su oficio de mediador, obra ; conforme a sus dos naturalezas, haciendo por cada una de éstas lo que es propio de cada una de ellas; mas por razón de la unidad de la persona, lo que es propio de una naturaleza, se le atribuye algunas veces en la Escritura a la persona denominada por la otra naturaleza.37

37Jn.3:13 Hch. 20:28 38 Jn 6:37; Jn. 10:15,16;Jo. 17:9;Ro. 5:10 39Jn. 17:6;Ef. 1:9;1 Jo. 5:20 40Ro. 8:9,14 41 Sa1. 110:1; 1 Co. 15:25,26 42Jn 3:8;Ef. 1:8

8. A todos aquellos para quienes Cristo ha obtenido eterna redención, cierta y eficazmente les aplica y comunica la misma, haciendo intercesión por ellos,38 uniéndoles a él por su Espiritu, revelándoles en la palabra y por medio de ella el misterio de la salvación, persuadiéndoles eficazmente a creer y a obedecer,39 gobernando el corazón de ellos por su palabra y Espíritu,40 y venciendo a todos sus enemigos por su gran poder y sabiduría,41 y de la manera y por los caminos que están más en conformidad con su maravillosa e inescrutable dispensación. Todas estas cosas son hechas en su libre y soberana gracia e incondicionalmente, ya que nada de mérito es previsto por él en sus elegidos.42 eterno de Dios, ha satisfecho plenamente a la justicia de Dios.32 El ha efectuado la reconciliación y ha comprado un herencia eterna en el reino de los cielos para todos aquellos dados a él por el Padre.33

9 Cristo, y Solo Cristo puede ser mediador entre Dios y los hombres. El es el profeta, sacerdote y rey de la Iglesia de Dios. Su oficio de mediador no puede ser transferido a ningún Otro,

10. El triple oficio de Cristo es necesario para nosotros. Por nuestra ignorancia estamos en necesidad de su oficio profético;44 por nuestra separación de

Dios y la imperfección de nuestros servicios, aun cuando sean lo mejor, necesitamos su oficio sacerdotal para reconciliarnos con Dios y hacernos aceptables a él;45 y debido a que nosotros hemos dado la espalda a Dios y estamos completamente incapacitados para volver a él y también porque necesitamos ser rescatados y asegurados de nuestros adversarios espirituales, necesitamos su oficio como rey para convencer, controlar, atraer, sostener, librar y preservarnos hasta que finalmente entremos en su reino celestial.46

44Jn.1:18  1:21; Gá. 5:17 461n. 16:8; Sal. 110:3; L. 1:74,75

9. El Libre Albedrío

1. Dios ha dotado la voluntad del hombre de una libertad natural, poder para actuar en base a su decisión propia, que no es forzada ni obligada a hacer bien o mal, por ninguna necesidad de la naturaleza.
Ec. 7:29 3 Jn. 3:6  4 Ro. 5:6; 8:7

2. El hombre en su estado de inocencia, tenía libertad y poder para querer y hacer lo que era bueno y agradable a Dios,2 pero era mutable y podía caer de  dicho estado.3 3. El hombre, por su caída a un estado de pecado, perdió completamente toda capacidad para querer algún bien espiritual que acompañe a  la salvación.4 Así es que como hombre natural que está enteramente opuesto a ese bien y muerto en el pecado5 no puede por su propia fuerza convertirse  a sí mismo o prepararse para ello.6

5Ef.2:1,5 Tit. 3:3-5; Jn. 6:44

4. Cuando Dios convierte a un pecador y le pone en el estado de gracia, le libra de su estado de servidumbre natural bajo el pecado,7 y por su gracia  solamente lo capacita para querer y obrar libremente lo que es bueno en lo espiritual;8 sin embargo, por razón de la corrupción que aún queda, el converso  no quiere ni perfecta ni únicamente lo que es bueno, sino también lo que es malo.9

7Col. 1:13; Jn. 8:36 8FiI. 2:13 9Ro. 7:15,18,19,21,23 10Ef. 4:13

5. El libre albedrío del hombre será perfecto y inmutablemente libre para querer tan sólo lo que es bueno, únicamente en el estado de la gloria.10

10. El Llamamiento Eficaz

1. A aquellos a quienes Dios ha predestinado para vida, le agrada en su tiempo señalado y aceptado, llamar eficazmente1 por su palabra y Espíritu,  sacándolos del estado de pecado y muerte en que se hallaban por naturaleza para darles vida y salvación por Jesucristo.2 Esto lo hace iluminando  espiritualmente su entendimiento, a fin de que comprendan las cosas de Dios;3 quitándoles el corazón de piedra y dándoles uno de carne,4 renovando sus  voluntades y por su poder soberano determinándoles a hacer aquello que es bueno, y llevándoles eficazmente a Jesucristo;5 de tal manera que ellos vienen  con absoluta libertad, habiendo recibido por la gracia de Dios la voluntad de hacerlo. 6

1Ro. 8:30; 11:7; Ef. 1:10,11; 2Ts.2:13,14 2Ef. 2:16 3Hch. 26:18; Ef. 1:17,18 4Ez.36:26 5Dt. 30: Ez. 36:27; Ef. 1:19 6Sal. 110:3; Cnt. 1:4

2. Este llamamiento eficaz depende de la libre y especial gracia de Dios y de ninguna manera de alguna cosa prevista en el hombre, 7 el cual es en esto  enteramente pasivo, hasta que siendo vivificado y renovado por el Espíritu Santo,8 adquiere la capacidad de responder a este llamamiento y de recibir la  gracia ofrecida y trasmitida en él. Esto sucede por el mismo poder que obró la resurrección de Cristo de los muertos.9

7 2 Ti 1:9; Ef 2:8 81 Co. 2:14;Ef. 2:5; Jn. 5:25 9 Ef.1:19,20

3. Los niños elegidos que mueren en la infancia, son regenerados y salvados en Cristo por medio del Espíritu,11 quien obra cuándo, dónde y cómo quiere.12 Lo mismo sucederá con todas las personas elegidas que sean incapaces de ser llamadas externamente por el ministerio de la palabra.

11Jn 3:3,5,6 12Jn. 3:8

4. Otras personas no elegidas, aun cuando sean llamadas por el ministerio de la palabra y tengan algunas de las operaciones comunes del Espíritu,13 como no son efectivamente traidos por el Padre, no pueden ni quieren venir verdaderamente a Cristo, y por lo mismo no pueden ser salvas;14  mucho menos pueden los que no reciben la religión cristiana, salvarse de alguna otra manera, aun cuando sean diligentes en ajustar sus vidas a la luz de la  naturaleza y a la ley de la religión que profesan.15

13Mt. 22:14;Mt.13:20,21; He. 6:4,5 14 Jn 6:44,45,65;15 Hch. 4:12;Jo. 4:22; 17:3

11. La Justificación

​¡A quienes Dios llama eficazmente, también justifica gratuitamente,1 no infundiendo justicia en ellos sino perdonándoles sus pecados, y contando y aceptando sus personas como justas;2 no por nada obrado en ellos o hecho por ellos, sino solamente por causa de Cristo;3 no imputándoles la fe misma, ni la acción de creer, ni ninguna otra obediencia evangélica como justicia; sino imputándoles la obediencia activa de Cristo a toda la ley y su obediencia pasiva en su muerte para la completa y única justicia de ellos por la fe, la cual tienen no de sí mismos; es don de Dios.4

1. Ro. 3:24; 8:30 2. Ro. 4:5-8; Ef. 1:7 3. 1 Co.1:30,31; Ro. 5:17-19 4. Fil. 3:9; Ef. 2:7,8; 2 Co. 5:19-21; Tit. 3:5,7; Ro. 3:22-28; Jer. 23:6; Hch. 13:38,39

2. La fe que así recibe a Cristo y descansa en Él y en su justicia es el único instrumento de la justificación;1 sin embargo, no está sola en la persona justificada, sino que siempre va acompariada por todas las demas virtudes salvadoras, y no es una fe muerta sino que obra por el amor.2

1. Ro. 1:17; 3:27-31; Fil. 3:9; Gá. 3:5 2. Gá. 5:6; Stg. 2:17,22,26

3. Cristo, por su obediencia y muerte, saldó totalmente la deuda de todos aquellos que son justificados; y por el sacrificio de sí mismo en la sangre de su cruz, sufriendo en el lugar de ellos el castigo que merecían, hizo una satisfacción adecuada, real y completa a la justicia de Dios en favor de ellos;1 sin embargo, por cuanto Cristo fue dado por el Padre para ellos,2 y su obediencia y satisfacción fueron aceptadas en lugar de las de ellos,3 y ambas gratuitamente y no por nada en ellos, su justificación es solamente de pura gracia,4 a fin de que tanto la precisa justicia como la rica gracia de Dios fueran glorificadas en la justificación de los pecadores.5

1. Ro. 5:8-10,19; 1 Ti. 2:5,6; He. 10:10,14; Is. 53:4-6,l~12 2. Ro. 8:32 3. 2 Co. 5:21; Mt. 3:17; Ef. 5:2 4. Ro. 3:24; Ef 1:7 5. Ro. 3:26; Ef 2:7

4. Desde la eternidad, Dios decretó justificar a todos los elegidos;1 y en el cumplimiento del tiempo, Cristo murió por los pecados de ellos, y resucitó para su justificación;2 sin embargo, no son justificados personalmente hasta que, a su debido tiempo, Cristo les es realmente aplicado por el Espíritu Santo.3

1. 1 P. 1:2,19,20; Gá. 3:8; Ro. 8:30 2. Ro. 4:25; Gá. 4:4; 1 Ti. 2:6 3. Col. 1:21,22; Tit. 3:4-7; Gá. 2:16; Ef 2:1-3

5. Dios continúa perdonando los pecados de aquellos que son justificados,’ y aunque ellos nunca pueden caer del estado de justificación,2 sin embargo pueden, por sus pecados, caer en el desagrado paternal de Dios; y, en esa condición, no suelen tener la luz de su rostro restaurada sobre ellos, hasta que se humillen, confiesen sus pecados, pidan perdón y renueven su fe y arrepentimiento.3

1. Mt 6:12; 1 Jn. 1:7-2:2; Jn. 13:3-11 2. Lc. 22:32; Jn. 10:28; He. 10:14 3. Sal. 32:5; 51:7-12; Mt. 26:75; lc. 1:20

6. La justificación de los creyentes bajo el Antiguo Testamento fue, en todos estos sentidos, una la misma que la justificación de los creyentes bajo el Nuevo Testamento.’

1. Gá. 3:9; Ro. 4:22-24

12. La Adopción

1. A todos aquellos que son justificados,’ Dios se dignó,2en su unico Hijo Jesucristo y por amor de éste,3 hacerles partícipes de la gracia de la adopción,  por la cual son incluidos en el numero de los bijos de Dios y gozan de sus libertades y privilegios, tienen su nombre escrito sobre ellos,4 reciben el espíritu  de adopción, tienen acceso al trono de la gracia con confianza, se les capacita para clamar: “Abba, Padre,”‘ se les compadece, protege, provee y corrige  como por un Padre, pero nunca se les desecha, sino que son sellados para el día de la redención, 6 y heredaran las promesas como herederos de la salvación eterna.7

1. Gá. 3:24-26 2. 1 Jn. 3:1-3 3. Ef. 1:5; Gá 4:4,5; Ro. 8:17,29 4. Ro. 8:17; Jn. 1:12; 2 Co. 6:18; Ap. 3:12 5. Ro. 8:15; Ef. 3:12; Ro. 5:2; Gá. 4:6; Ef. 2:18 6.

Sal. 103:13; Pr. 14:26; Mt. 6:30,32; 1 P. 5:7; He. 12:6; Is. 54:8,9; Lm. 3:31; Ef. 4:30 7. Ro. 8:17; He. 1:14; 9:15

13. La Santificación

​1. Aquellos que son unidos a Cristo, llamados eficazmente y regenerados, teniendo un nuevo corazón y un nuevo espíritu, creados en ellos en virtud de la  muerte y la resurrección de Cristo,’ son aún más santificados de un modo real y personal,2 mediante la misma virtud,3 por su Palabra y Espíritu que mora en ellos; 4 el dominio del cuerpo entero del pecado es destruido, y las diversas concupiscencias del mismo son debilitadas y mortificadas más y más, y ellos  son másy más vivificados y fortalecidos en todas las virtudes salvadoras, para la práctica de toda verdadera santidad,5 sin la cual nadie verá al Señor.6

1. Jn. 3:3-8; 1 Jn. 2:29; 3:9,10; Ro. 1:7; 2 Co. 1:1; Ef. 1:1; Fil. 1:1; Col. 3:12; Hch. 20:32; 26:18; Ro. 15:16; 1 Co. 1:2; 6:11; Ro. 6:1-11 2. 1 Ts. 5:23; Ro.  6:19,22 3. 1 Co. 6:11; Hch. 20:32; Fil. 3:10; Ro. 6:5,6 4. Jn. 17:17; Ef. 5:26; 3:1~19; Ro. 8:13 5. Ro. 6:14; Gá. 5:24; Ro. 8:13; Col. 1:11; Ef. 3:1&19;2Co. 7:1;  Ro. 6:13; Ef. 4:22-25; Gá. 5:17 6. Re. 12:14

2. Esta santificación se efectúa en todo el hombre, aunque es incompleta en esta vida; todavía quedan algunos remanentes de corrupción en todas partes,’ de donde surge una continua e irreconciliable guerra:2 la carne lucha contra el Espíritu, y el Espíritu contra la carne.3

1. 1 Ts. 5:23; 1 Jn. 1:8,10; Ro. 7:18,23; Fil. 3:12 2. 1 Co. 9:24-271 Ti. 1:18; 6:12; 2 Ti. 4:7 3. Gá. 5:17; 1 P. 2:11

3. En dicha guerra, aunque la corrupción que aún queda prevalezca mucho por algún tiempo,’ la parte regenerada triunfa a través de la continua provisión  de fuerzas por parte del Espíritu santificador de Cristo;2 y así los santos crecen en la gracia, perfeccionando la santidad en el temor de Dios, prosiguiendo  una vida celestial, en obediencia evangélica a todos los mandatos que Cristo, como Cabeza y Rey, les ha prescrito en su Palabra.3

1. Ro. 7:23 2. Ro. 6:14; 1 Jn. 5:4; Ef. 4:15,16 3. 2 P. 3:18; 2 Co. 7:1; 3:18; Mt. 28:20

14. La Fe Salvadora

1. La gracia de la fe, por la cual se capacita a los elegidos para creer para la salvación de sus almas, es la obra del Espfritu de Cristo en sus corazones, y  habitualmente se realiza por el ministerio de la Palabra;1 por la cual, junto a la administración del bautismo, la Cena del Señor, la oración y otros medios  designados por Dios, esa fe aumenta y se fortalece. 2

1. Jn. 6:37, 44; Hch. 11:21,24; 13:48; 14:27; 15:9; 2 Co. 4:13; Ef. 2:8; Fil. 1:29; 2 Ts. 2:13; 1 P. 1:2 2. Ro. 10:14,17; Lc. 17:5; Hch. 20:32; Ro. 4:11; 1 P. 2:2

2. Por esta fe, el cristiano cree que es verdadero todo lo revelado en la Palabra por la autoridad de Dios mismo, y también percibe en ella una excelencia  superior a todos los demás escritos y todas las cosas en el mundo, pues muestra la gloria de Dios en sus atributos, la excelencia de Cristo en su naturaleza  y oficios, y el poder y la plenitud del Espíritu Santo en sus obras y operaciones; y de esta forma, el cristiano es capacitado para confiar su alma a la verdad  así creída;’ y también actúa de manera diferente según sea el contenido de cada pasaje en particular: produciendo obediencia a los mandatos,2 temblando  ante las amenazas,3 y abrazando las promesas de Dios para esta vida y para la venidera;4 pero las principales acciones de la fe salvadora tienen que ver  directamente con Cristo: aceptarle, recibirle y descansar sóló en Él para la justificación, santificación y vida eterna, en virtud del pacto de gracia.5

1. Hch. 24:14; 1 Ts. 2:13; Sal. 19:7-10; 119:72 2. Jn. 15:14; Ro. 16:26 3. Is. 66:2 4. 1 Ti. 4:8; He. 11:13 5. Jn. 1:12; Hch. 15:11; 16:31; Gá. 2:20

3. Esta fe, aunque sea diferente en grados y pueda ser débil o fuerte, es, sin embargo, aun en su grado mínimo, diferente en su clase y naturaleza (como lo es toda otra gracia salvadora) de la fe y la gracia común de aquellos creyentes que sólo lo son por un tiempo;2 y consecuentemente, aunque muchas veces  sea atacada y debilitada, resulta, sin embargo, victoriosa,3 creciendo en muchos hasta obtener la completa seguridad4 através de Cristo, quien es tanto el  autor como el consumador de núestra fe.5

1. Mt. 6:30; 8:10,26; 14:31; 16:8; Mt. 17:20; He. 5:13,14; Ro. 4:19,20 2. Stg. 2:14; 2 P. 1:1; 1 Jn. 5:4 3. Lc. 22:31,32; Ef. 6:16; 1 Jn. 5:4,5 4. Sal. 119:114;

He. 6:11,12; 10:22,23 5. He. 12:2

15. Arrepentimiento para Vida y Salvación

1 A aquellos de los elegidos que se convierten en la madurez, habiendo vivido por algún tiempo en el estado natural,’ y habiendo servido en el mismo a diversas concupiscencias y placeres, Dios, al llamarlos eficazmente, les da arrepentimiento para vida.2

1. Tit. 3:2-5 2. 2 Cr. 33:10-20; Hch. 9:1-19; 16:29,30

2. Si bien no hay nadie que haga el bien y no peque,’ y los mejores hombres, mediante el poder y el engaño de la corrupción que habita en ellos, junto con el predominio de la tentación, pueden caer en grandes pecados y provocaciones,2 Dios, en el pacto de gracia, ha provisto misericordiosamente que los creyentes que pequen y caigan de esta manera sean renovados mediante el arrepentimiento para salvación.3

1. Sal. 130:3; 143:2; Pr.20:9; Ec. 7:20 2. 2 S.11:l-27; Lc. 22:54-62 3. Jer. 32:40; Lc. 22:31,32; 1 Jn. 1:9

3. Este arrepentimiento para salvación es una gracia evangélica1 por la cual una persona a quien el Espíritu hace consciente de las múltiples maldades de su pecado,2 mediante la fe en Cristo3 se humilla por él con una tristeza que es según Dios, abominación de él y aborrecimiento de sí mismo, orando por el perdón y las fuerzas que proceden de la gracia,4 con el propósito y empeño, mediante la provisión del Espíritu, de andar delante de Dios para agradarle en todo.5

1. Hch.5:31; ll:18;2Ti.2:25 2. Sal. 51:1-6; 130:1-3; Lc. 15:17-20; Hch. 2:37,38 3. Sal. 130:4; Mt. 27:3-5; Mr. 1:15 4. Ez. 16:60-63; 36:31,32; Zc. 12:10; Mt. 21:19; Hch. 15:19; 20:21; 26:20; 2 Co. 7:10,11; 1 Ts. 1:9 5. Pr. 28:13; Ez. 36:25; 18:30,31; Sal. 119:59,104,128; Mt. 3:8; Lc. 3:8; Hch. 26:20; 1 Ts. 1:9

4. Puesto que el arrepentimiento ha de continuar a lo largo de toda nuestra vida, debido al cuerpo de muerte y sus inclinaciones,’ es por tanto el deber de cada hombre arrepentirse específicamente de los pecados concretos que conozca.2

1. Ez. 16:60; Mt. 5:4; 1 Jn. 1:9 2. Lc. 19:8; 1 Ti. 1:13,15

5. Tal es la provisión que Dios ha hecho a través de Cristo en el pacto de gracia para la preservación de los creyentes para salvación que, si bien no hay pecado tan pequeño que no merezca la condenación,’ no hay, sin embargo, pecado tan grande que acarree condenación a aquellos que se arrepienten, lo cual hace necesaria la predicación constante del arrepentimiento.2

1. Sal. 130:3; 143:2; Ro. 6:23 2. Is. 1:16-18; 55:7; Hch. 2:36-38

16. Las Buenas Obras

1. Las buenas obras son solamente aquellas que Dios ha ordenado en su santa Palabra’ y no las que, sin la autoridad de ésta, han inventado los hombres por un fervor ciego o con cualquier pretexto de buenas intenciones.2

1. Mi. 6:8; Ro. 12:2; He. 13:21; Col. 2:3; 2 Ti. 3:16,17 2. Mt. 15:9 con Is. 29:13; 1 P. 1:18; Ro. 10:2; Jn. 16:2; 1 5. 15:21-23; 1 Co. 7:23; Gá. 5:1; Col. 2:8,1&23

2. Estas buenas obras, hechas en obediencia a los mandamientos de Dios, son los frutos y evidencias de una fe verdadera y viva;’ y por ellas los creyentes manifiestan su gratitud,2 fortalecen su seguridad,3 edifican a sus hermanos,4 adornan la profesión del evangelio,5 tapan la boca de los adversarios,6 y glorifican a Dios, cuya hechura son, creados en Cristo Jesús para ello,7 para que teniendo por fruto la santificación, tengan como fin la vida eterna. 8

1. Stg. 2:18,22; Gá. 5:6; 1 Ti. 1:5 2. Sal. 116:12-14; 1 P. 2:9,12; Lc. 7:36-50 con Mt. 26:1-11 3. 1 Jn. 2:3,5; 3:18,19; 2 P. 1:5-11 4. 2 Co. 9:2; Mt. 5:16 5. Mt. 5:16; Tit. 2:5,9-12; 1 Ti. 6:1; 1 P. 2:12 6. lP. 2:12,15; Tit. 2:5; 1 Ti. 6:1 7. Ef. 2:10; Fil. 1:11; 1 Ti. 6:1; 1 P. 2:12; Mt. 5:16 8. Ro. 6:22; Mt. 7:13,14,21-23

3. La capacidad que tienen los creyentes para hacer buenas obras no es de ellos mismos en ninguna manera, sino completamente del Espíritu de Cristo. Y para que ellos puedan tener esta capacidad, además de las virtudes que ya han recibido, se necesita una influencia efectiva del mismo Espíritu Santo para obrar en ellos tanto el querer como el hacer por su buena voluntad;’ sin embargo, no deben volverse negligentes por ello, como si no estuviesen obligados a cumplir deber alguno aparte de un impulso especial del Espíritu, sino que deben ser diligentes en avivar la gracia de Dios que está en ellos.2

1. Ez. 36:26,27; In. 15:4-6; 2 Co. 3:5; Fil. 2:12,13; Ef. 2:10 2. Ro. 8:14;Jn. 3:8; Fil. 2:l2,13;2P. 1:10; He. 6:l2;2Ti. l:6;Jud.20,21

4. Quienes alcancen el mayor grado de obediencia posible en esta vida quedan tan lejos de llegar a un grado superrogatorio, y de hacer más de lo que Dios requiere, que les falta mucho de lo que por deber están obligados a hacer.’ 1

1 R. 8:46; 2Cr. 6:36; Sal. 130:3; 143:2; Pr. 20:9; Ec. 7:20; Ro. 3:9,23; 7:14 Ss.; Gá. 5:17; 1 Jn. 1:6-10; Lc. 17:10

5. Nosotros no podemos, por nuestras mejores obras, merecer el perdón del pecado o la vida eterna de la mano de Dios, a causa de la gran desproporción que existe entre nuestras obras y la gloria que ha de venir,’ y por la distancia infinita que hay entre nosotros y Dios, a quien no podemos beneficiar por dichas obras, ni satisfacer la deuda de nuestros pecados anteriores; pero cuando hemos hecho todo lo que podemos, no hemos sino cumplido con nuestro deber y somos siervos inútiles;2 y tanto en cuanto son buenas proceden de su Espíritu;3 y en cuanto son hechas por nosotros, son impuras y están mezcladas con tanta debilidad e imperfección que no pueden soportar la severidad del castigo de Dios.4

1. Ro. 8:18 .2. Job 22:3; 35:7, Lc. 17:10; Ro. 4:3; 11:3 3. Gá. 5:22,23 4. 1 R. 8:46; 2 Cr. 6:36; Sal. 130:3; 143:2; Pr. 20:9; Ec. 7:20; Ro. 3:9,23; 7:l4ss.; Gá. 5:17; 1 Jn. 1:6-10

6. No obstante, por ser aceptadas las personas de los creyentes por medio de Cristo, sus buenas obras también son aceptadas en Él;’ no como si fueran en esta vida enteramente irreprochables e irreprensibles a los ojos de Dios;2 sino que a Él, mirándolas en su Hijo, le place aceptar y recompensar aquello que es sincero aun cuando esté acompañado de muchas debilidades e imperfecciones.3

1. Ex. 28:38; Ef. 1:6,7; 1 P. 2:5 2. 1 R. 8:46; 2 Cr. 6:36; Sal. 130:3; 143:2; Pr. 20:9; Ec. 7:20; Ro. 3:9,23; 7;l4ss.; Gá. 5:17; 1 Jn. 1:6-10 3. He. 6:10; Mt. 25:21,23

7. Las obras hechas por hombres no regenerados, aunque en sí mismas sean cosas que Dios ordena, y de utilidad tanto para ellos como para otros,1sin embargo, por no proceder de un corazón purificado por la fe 2 y no ser hechas de una manera correcta de acuerdo con la Palabra,3 ni para un fin correcto (la gloria de Dios4), son, por tanto, pecaminosas, y no pueden agradar a Dios ni hacer a un hombre digno de recibir gracia por parte de Dios.5 Y a pesar de esto, el hecho de que descuiden las buenas obras es más pecaminoso y desagradable a Dios.6

1. 1 R. 21:27-29; 2 R. 10:30,31; Ro. 2:14; Fil. 1:15-18 2. Ga. 4:5 con He. 11:~6; 1 Ti. 1:5; Ro. 14:23; Gá. 5:6 3. 1 Co. 13:3; Is. 1:12 4. Mt. 6:2,5,6; 1 Co. 10:31 5. Ro. 9:16; Tit. 1:15; 3:5 6. 1 R. 21:27-29; 2 R. 10:30,31; Sal. 14:4; 36:3

17. La Perseverancia de Los Santos

​1. Aquellos a quienes Dios ha aceptado en el Amado, y ha llamado eficazmente y santificado por su Espíritu, y a quienes ha dado la preciosa fe de sus elegidos, no pueden caer ni total ni definitivamente del estado de gracia, sino que ciertamente perseverarán en él hasta el fin, y serán salvos por toda la eternidad, puesto que los dones y el llamamiento de Dios son irrevocables, por lo que Él continúa engendrando y nutriendo en ellos la fe, el arrepentimiento, el amor, el gozo, la esperanza y todas las virtudes del Espíritu para inmortalidad;’ y aunque surjan y les azoten muchas tormentas e inundaciones, nunca podrán, sin embargo, arrancarles del fundamento y la roca a que por la fe están aferrados; a pesar de que, por medio de la incredulidad y las tentaciones de Satanás, la visión perceptible de la luz y el amor de Dios puede nublárseles y oscurecérseles por un tiempo,2 Él, sin embargo, es aún el mismo, y ellos serán guardados, sin duda alguna, por el poder de Dios para salvación, en la que gozarán de su posesión adquirida, al estar ellos esculpidos en las palmas de sus manos y sus nombres escritos en el libro de la vida desde toda la eternidad.3

1. in. 10:28,29; Fil. 1:6; 2 Ti. 2:19; 2 P.1:5-10; 1 Jn. 2:19 2. Sal. 89:31,32; 1 Co. 11:32; 2 Ti. 4:7 3. Sal. 102:27; Mal. 3:6; Ef. 1:14; 1 P. 1:5; Ap. 13:8

2. Esta perseverancia de los santos depende no de su propio libre albedrío,’ sino de la inmutabilidad del decreto de elección,2 que fluye del amor libre e inmutable de Dios el Padre, sobre la base de la eficacia de los méritos y la intercesión de Jesucristo y la unión con Él,~ del juramento de Dios,4 de la morada de su Espíritu, de la simiente de Dios que está en los santos,5 y de la naturaleza del pacto de gracia,6 de todo lo cual surgen también la certeza y la infalibilidad de la perseverancia.

1. Fil. 2:12,13; Ro. 9:16; Jn. 6:37,44 2. Mt. 24:22,24,31; Ro. 8:30; 9:11,16; 11:2,29; Ef. 1:5-11 3. Ef. 1:4; Ro. 5:9,10; 8:31-34; 2 Co. 5:14; Ro. 8:35-38; 1 Co. 1:8,9; Jn. 14:19; 10:28,29 4. He. 6:1-20 5. 1 Jn. 2:19,20,27; 3:9; 5:4,18; Ef. 1:13; 4:30; 2 Co. 1:22; 5:5; Ef. 1:14 6. Jer. 31:33,34; 32:40; He. 10:11-18; 13:20,21

3. Y aunque los santos (mediante la tentación de Satanás y del mundo, el predominio de la corrupción que queda en ellos y el descuido de los medios para su preservación) caigan en pecados graves y por algún tiempo perrnanezcan en ellos’ (por lo que incurren en el desagrado de Dios y entristecen a su Espíritu Santo,2 se les dallan sus virtudes y consuelos,3 se les endurece el corazón y se les hiere la conciencia,4 lastiman y escandalizan a otros 5 y se acarrean juicios temporales 6), sin embargo, renovarán su arrepentimiento y serán preservados hasta el fin mediante la fe en Cristo Jesús.7

1. Mt. 26:70,72,74 2. Sal. 38:1-8; Is. 64:5-9; Ef. 4:30; 1 Ts. 5:14 3. Sal. 5l:l~12 4. Sal. 32:3,4; 73:21,22 5. 2 S.12:14; 1 Co. 8:9-13; Ro. 14:13-18; 1 Ti. 6:1,2; Tit. 2:5 6. 2 5. l2:14ss.; Gn. l9:30-38; 1 Co. 11:27-32 7. Lc. 22:32,61,62; 1 Co. 11:32; 1 Jn. 3:9; 5:18

18. La Seguridad de la Gracia y la Salvación

1. Aunque los creyentes que lo son por un tiempo y otras personas no regeneradas vanamente se engañen a sí mismos con esperanzas falsas y presunciones carnales de hallarse en el favor de Dios y en estado de salvación (pero la esperanza de ellos perecerá’), sin embargo, los que creen verdaderamente en el Señor Jesús y le aman con sinceridad, esforzándose por andar con toda buena conciencia delante de Él, pueden en esta vida estar absolutamente seguros de hallarse en el estado de gracia, y pueden regocijarse en la esperanza de la gloria de Dios; y tal esperanza nunca les avergonzará.2

1. Jer. 17:9; Mt. 7:21-23; Lc. 18:10-14; Jn. 8:41; Ef. 5:6,7; Gá. 6:3,7-9 2. Ro. 5:2,5; 8:16; 1 Jn. 2:3; 3:14,18,19,24; 5:13; 2 P. 1:10

2. Esta certeza no es una mera persuasión conjetural y probable, fundada en una esperanza falible, sino que es una seguridad infalible de fe1 basada en la sangre y la justicia de Cristo reveladas en el evangelio;2 y también en la evidencia interna de aquellas virtudes del Espíritu a las cuales se les hacen promesas,3 y en el testimonio del Espíritu de adopción testificando con nuestro espíritu que somos hijos de Dios; 4 y, como fruto suyo, mantiene el corazón humilde y santo.5

1. Ro. 5:2,5; He. 6:11,19,20; 1 Jn. 3:2,14; 4:16; 5:13,19,20 2. He. 6:17,18; 7:22; 10:14,19 3. Mt. 3:7-10; Mr. 1:15; 2 P. 1:4-11; 1 Jn. 2:3; 3:14,18,19,24; 5:13 4. Ro. 8:15,16; 1 Co. 2:12; Gá. 4:6,7 5. 1 Jn. 3:1-3

3. Esta seguridad infalible no pertenece a la esencia de la fe hasta tal punto que un verdadero creyente no pueda esperar mucho tiempo y luchar con muchas dificultades antes de ser partícipe de tal seguridad;’ sin embargo, siendo capacitado por el Espíritu para conocer las cosas que le son dadas gratuitamente por Dios, puede alcanzarla,2 sin una revelación extraordinaria, por el uso adecuado de los medios; y por eso es el deber de cada uno ser diligente para hacer firme su llamamiento y elección; para que así su corazón se ensanche en la paz y en el gozo en el Espíritu Santo, en amor y gratitud a Dios, y en fuerza y alegría en los deberes de la obediencia, que son los frutos propios de esta seguridad: así está de lejos esta seguridad de inducir a los hombres a la disolución.3

1. Hch. 16:30-34; 1 Jn. 5:13 2. Ro. 8:l5,16;l Co. 2:12;Gá.4:4-6 con 3:2; l Jn.4:13;Ef.3:17-19;He. 6:11,12; 2 P. 1:5-11 3. 2 P 1:10; Sal. 119:32; Ro. 15:13; Neh. 8:10; 1 Jn. 4:19,16; Ro.6:1,2,11-13; 14:17; Tit. 2:11-14; Ef. 5:18

4. La seguridad de la salvación de los verdaderos creyentes puede ser,de diversas maneras, zarandeada, disminuida e interrumpida; como por la negligencia en conservarla,’ por caer en algún pecado especial que hiera la conciencia y contriste al Espíritu,2 por alguna tentación repentina o vehemente,3 por retirarles Dios la luz de su rostro, permitiendo, aun a los que le temen, que caminen en tinieblas, y no tengan luz;4 sin embargo, nunca quedan destituidos de la simiente de Dios, y de la vida de fe, de aquel amor de Cristo y de los hermanos, de aquella sinceridad de corazón y conciencia del deber, por los cuales, mediante la operación del Espíritu, esta seguridad puede ser revivida con el tiempo; y por los cuales, mientras tanto, los verdaderos creyentes son preservados de caer en total desesperación.5

1. He. 6:ll,12;2P. 1:5-11 2. Sal. 51:8,12,14; Ef. 4:30 3. Sal. 30:7; 31:22; 77:7,8; 116:11 4. Is. 50:10 5. 1 Jn. 3:9; Lc. 22:32; Ro. 8:15,16; Gá. 4:5; Sal. 42:5,11

19. La Ley de Dios

1. Dios dio a Adán una ley de obediencia universal escrita en su corazón, y un precepto en particular de no comer del fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal, (2)  por lo cual le obligó a él y a toda su posteridad a una obediencia personal completa, exacta y perpetua; prometió la vida por su cumplimiento de la ley, y amenazó con la muerte su infracción; y le dotó también del poder y la capacidad para guardarla. (3)

(1). Gn. 1:27; Ec. 7:29; Ro. 2:12a, 14,15 (2). Gn. 2:16,17 (3) Gn. 2:16,17; Ro. 10:5; Gá. 3:10,12

2. La misma ley que primeramente fue escrita en el corazón del hombre continuó siendo una regla perfecta de justicia después de la Caída;’ y fue dada por Dios en el monte Sinaí,(2) en diez mandamientos, y escrita en dos tablas; los cuatro primeros mandamientos contienen nuestros deberes para con Dios, y los otros seis, nuestros deberes para con los hombres.(3)

1. Para el Cuarto Mandamiento, Gn. 2:3; Ex. 16;Gn. 7:4; 8:10,12; para el Quinto Mandamiento, Gn. 37:10; para el Sexto Mandamiento, Gn. 4:3-15; para el Séptimo Mandamiento, On. 12:17; para el Octavo Mandamiento, On. 31:30; 44:8; para el Noveno Mandamiento, Gn. 27:12; para el Décimo Mandamiento, Gn. 6:2; 13:10,11 2. Ro. 2:12a, 14,15 3. Ex. 32:15,16; 34:4,28; Dt. 10:4

3. Además de esta ley, comúnmente llamada ley moral, agradó a Dios dar al pueblo de Israel leyes ceremoniales que contenían varias ordenanzas típicas; en parte de adoración, prefigurando a Cristo, sus virtudes, acciones, sufrimientos y beneficios;’ y en parte proponiendo diversas instrucciones sobre los deberes morales. (2) Todas aquellas leyes ceremoniales, habiendo sido prescritas solamente hasta el tiempo de reformar las cosas, han sido abrogadas y quitadas por Jesucristo, el verdadero Mesías y único Legislador, quien fue investido con poder por parte del Padre para ese fin. (3)

(1). He. 10:1; Col. 2:16,17 (2). 1 Co. 5:7; 2 Co. 6:17; Jud. 23 (3). Col. 2:14,16,17; Ef. 2:14-16

4. Dios también les dio a los israelitas diversas leyes civiles, que expiraron juntamente con el Estado de aquel pueblo, no obligando ahora a ningún otro en virtud de aquella institución;’ solamente sus principios de equidad son utilizables en la actualidad. (2)

(1). Lc. 21:20-24; Hch. 6:13,14; He. 9:18,19 con 8:7,13; 9:10; 10:1 (2). 1 Co. 5:1; 9:8-10

5. La ley moral obliga para siempre a todos, tanto a los justificados como a los demás, a que se la obedezca;(1) y esto no sólo en consideración a su contenido, sino también con respecto a la autoridad de Dios, el Creador, quien la dio. (2) Tampoco Cristo, en el evangelio, en ninguna manera cancela esta obligación sino que la refuerza considerablemente.3

(1). Mt. 19:16-22; Ro. 2:14,15; 3:19,20; 6:14; 7:6; 8:3; 1 Ti. 1:8-11; Ro. 13:8-10; 1 Co. 7:19 con Gá. 5:6; 6:15; Ef. 4:25-6:4; Stg. 2:11,12 (2). Stg. 2:10,11 3. Mt. 5:17-19; Ro. 3:31; 1 Co. 9:21; Stg. 2:8

6. Aunque los verdaderos creyentes no están bajo la ley como pacto de obras para ser por ella justificados o condenados, sin embargo ésta es de gran utilidad tanto para ellos como para otros, en que como regla de vida les informa de la voluntad de Dios y de sus deberes, les dirige y obliga a andar en conformidad con ella, (2) les revela también la pecaminosa contaminación de sus naturalezas, corazones y vidas; de tal manera que, al examinarse a la luz de ella, puedan llegar a una convicción más profunda de su pecado, a sentir humillación por él y odio contra él; junto con una visión más clara de la necesidad que tienen de Cristo, y de la perfección de su obediencia. (3) También la ley moral es útil para los regenerados a fin de restringir su corrupción, en cuanto que prohíbe el pecado; y sus amenazas sirven para mostrar lo que aun sus pecados merecen, y qué aflicciones pueden esperar por ellos en esta vida, aun cuando estén libres de la maldición y el puro rigor de la ley. (4) Asimismo sus promesas manifiestan a los regenerados que Dios aprueba la obediencia y cuáles son las bendiciones que pueden esperar por el cumplimiento de la misma, (5) aunque no como si la ley se lo debiera como pacto de obras; (6) de manera que si alguien hace lo bueno y se abstiene de hacer lo malo porque la ley le manda lo uno y le prohíbe lo otro, no por ello se demuestra que esté bajo la ley y no bajo la gracia. (7)

20. El Evangelio y el Alcance de su Gracia

1. Habiendo sido quebrantado el pacto de obras por el pecado y habiéndose vuelto inútil para dar vida, agradó a Dios dar la promesa de Cristo, la simiente de la mujer, como el medio para llamar a los elegidos, y engendrar en ellos la fe y el arrepentimiento. En esta promesa, el evangelio, en cuanto a su sustancia, fue revelado, y es en ella eficaz para la conversión y salvación de los pecadores.

1. Gn. 3:15 con Ef.2:12; Gá. 4:4; He. 11:13; Lc. 2:25,38; 23:51; Ro. 4:13-16; Gá. 3:15-22

2. Esta promesa de Cristo, y la salvación por medio de Él, es revelada solamente por la Palabra de Dios.’ Tampoco las obras de la creación o la providencia, con la luz de la naturaleza, revelan a Cristo, o la gracia que es por medio ‘de El, ni siquiera en forma general u oscura;2 mucho menos hacen que los hombres destituidos de la revelación de Él por la promesa, o evangelio, sean capacitados así para alcanzar la fe salvadora o el arrepentimiento.

1. Hch. 4:12 Ro. 10:13-15 2. Sal. 19; Ro. 1:18-23 3. Ro. 2:12a; Mt. 28:18-20; Lc. 24:46,47 con Hch. 17:29,30; Ro. 3:9-20

3. La revelación del evangelio a los pecadores (hecha en diversos tiempos y distintas partes, con la adición de promesas y preceptos para la obediencia requerida en aquél, en cuanto a las naciones y personas a quienes es concedido), es meramente por la voluntad soberana y el beneplácito de Dios;’ no apropiándosela en virtud de promesa alguna referida al buen uso de las capacidades naturales de los hombres, ni en virtud de la luz común recibida aparte de él, lo cual nadie hizo jamás ni puede hacer.2 Por tanto, en todas las épocas, la predicación del evangelio ha sido concedida a personas y naciones, en cuanto a su extensión o restricción, con gran variedad, según el consejo de la voluntad de Dios.

1. Mt. 11:20 2. Ro. 3:10-12; 8:7,8

4. Aunque el evangelio es el único medio externo para revelar a Cristo y la gracia salvadora, y es, como tal, completamente suficiente para este fin,’ sin embargo, para que los hombres que están muertos en sus delitos puedan nacer de nuevo, ser vivificados o regenerados, es además necesaria una obra eficaz e invencible del Espíritu Santo en toda el alma, con el fin de producir en ellos una nueva vida espiritual; sin ésta, ningún otro medio puede efectuar su conversión a Dios.2

1. Ro. 1:16,17 2. Jp. 6:44; 1 Co. 1 ‘2.2-24.. 2:14; 2 Co. 4:4,6

21. La Libertad Cristiana y la Libertad de Conciencia

1. La libertad que Cristo ha comprado para los creyentes bajo el evangelio consiste en su libertad de la culpa del pecado, de la ira condenatoria de Dios y de la severidad y maldición de la ley,’ y en ser librados de este presente siglo malo, de la servidumbre de Satanás y del dominio del pecado,2 del mal de las aflicciones, del temor y aguijón de la muerte, de la victoria del sepulcro y de la condenación eterna,3y también consiste en su libre acceso a Dios, y en rendirle obediencia a Él, no por temor servil, sino con un amor filial y una mente dispuesta.4 Todo esto era sustancialmente común también a los creyentes bajo la ley;5 pero bajo el Nuevo Testamento la libertad de los cristianos se ensancha mucho mas porque están libres del yugo de la ley ceremonial a que estaba sujeta la Iglesia judaica, y tienen ahora mayor confianza para acercarse al trono de gracia, y experiencias más plenas del libre Espíritu de Dios que aquellas de las que participaron generalmente los creyentes bajo la ley.6

1. Jn 3:36; Ro. 8:33; Gá. 3:13 2. Gá. 1:4; Ef. 2:1-3; Col. 1:13; Hch. 26:18; Ro 6:14-18; 8:3 3. Ro. 8:28; 1 Co. 15:54-57; 1 Ts. 1:10; He. 2:14,15 4. Ef. 2:18; 3:12; Ro. 8:15; 1 Jn. 4:18 5. in. 8:32; Sal. 19:7-91 19:14,24,45,47,48,72,97; Ro. 4:5-11; Gá. 3:9; He. 11:27,33,34 6. in. 1:17; He. 1:1,2a..7:19,22;8:6;9:23; l1:40;Gá.2:llss.;4:l-3;Col. 2:16,17; He. 10:19.21; Jn. 7:38,39

2. Sólo Dios es el Señor de la conciencia,’ y la ha hecho libre de las doctrinas y los mandamientos de los hombres que sean en alguna manera contrarios a su Palabra o que no estén contenidos en ésta.2 Así que, creer tales doctrinas u obedecer tales mandamientos por causa de la conciencia es traicionar la verdadera libertad de conciencia,3 y el requerir una fe implícita y una obediencia ciega y absoluta es destruir la libertad de conciencia y también la razón.4

1. Stg. 4:12; Ro. 14:4;Gá.5:l 2. Hch. 4:19; 5:29; 1 Co. 7 23; Mt. 15:9 3. Col. 2:20,22,23; Gá. l:10; 2:3-5; 5.1 4. Ro. 10:17; 14:23; Hch. 17:11; in. 4:22; 1 Co. 3:5; 2 Co. 1:24

3. Aquellos que bajo el pretexto de la libertad cristiana practican cualquier pecado o abrigan cualquier concupiscencia, al pervertir así el propósito principal de la gracia del evangelio para su propia destrucción,’ destruyen completamente, por tanto, el propósito de la libertad cristiana, que consiste en que, siendo librados de las manos de todos nuestros enemigos, sirvamos al Señor sin temor, en santidad y justicia delante de Él, todos los días de nuestra vida.2

1. Ro. 6:1,2 2. Lc 1.74,75; Ro. 14:9 Gá. 5:13; 2 P. 2 18,21

22. La Adoración Religiosa y el Día de Reposo

1 La luz de la naturaleza muestra que hay un Dios, que tiene señorio y soberanía sobre todo; es justo, bueno y hace bien a todos; y que, por tanto, debe ser temido, amado, alabado, invocado, creído, y servido con toda el alma, con todo el corazón y con todas las fuerzas.’ Pero el modo aceptable de adorar al verdadero Dios está instituido por él mismo, y está de tal manera limitado por su propia voluntad revelada que no se debe adorar a Dios’ conforme a las imaginaciones e invenciones de los hombres o a las sugerencias de Satanás, ni bajo ninguna representación visible o en ningún otro modo no prescrito en las Santas Escrituras.2

1. Jer. 10:7; Mr. 12:33 2. Gn. 4:1-5; Ex. 20:46; Mt. 15:3,8,9; 2 R. 16:10-18; Lv. 10:1-3; Dt 17.3, 4.2, 12.29-32; Jos. 1:7; 23:&8; Mt 15:13; Col. 2:2~23; 2 Ti. 3:15-17

2. La adoración religiosa ha de tributarse a Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, y a Él solamente; no a los ángeles, ni a los santos, ni a ninguna otra criatura;2 y desde la Caída, no sin un mediador; ni por la mediación de ningún otro, sino solamente de Cristo.3 1. ML 4:9,10; Jn. 5:23; 2 Co. 13:14 2. Ro. 1:25; Col. 2:18; Ap. 19:10 3. Jn. 14:6; Ef. 2:18; Col. 3:17; 1 Ti. 2:5

3. Siendo la oración, con acción de gracias, una parte de la adoración natural, la exige Dios de todos los hombres.’ Pero para que pueda ser aceptada, debe hacerse en el nombre del Hijo,2 con la ayuda del Espiritu, conforme a su voluntad,4 con entendimiento, reverencia, humildad, fervor, fe, amor y perseverancia;5 y cuando se hace con otros, en una lengua conocida.6

1. Sal. 95:1-7; 100:1-5 2. Jn. 14:13,14 3. Ro. 8:26 4. l Jn.5:14 5. Sal. 47:7; Ec. 5:4,2; He. 12:28; Gn. 18:27; Stg. 5:16; 1:6,7; Mr. 11:24; Mt. 6:12,14,15; Col. 4:2; Ef. 6:18 6. 1 Co. 14:13-19,27,28

4. La oración ha de hacerse por cosas lícitas, y a favor de toda clase de personas vivas, o que vivirán más adelante;’ pero no a favor de los muertos ni de aquellos de quienes se pueda saber que han cometido el pecado de muerte.2

1. Jn. 5:14; 1 Ti. 2:1,2; Jn. 17:20 2. 2 S.12:21-23; Lc. 16:25,26; Ap. 14:13; 1 Jn. 5:16

5. La lectura de las Escrituras,’ la predicación y la audición de la Palabra de Dios,2 la instrucción y la amonestación los unos a los otros por medio de salmos, himnos y cantos espintuales, el cantar con gracia en el corazón al Señor,3 como también la administración del bautismo4 y la Cena del Señor:5 todas estas cosas son parte de la adoración religiosa a Dios que ha de realizarse en obediencia con entendimiento, fe, reverencia y temor piadoso; además, la humillación solemne,6 con ayunos, y las acciones de gracia en ocasiones especiales, han de usarse de una manera santa y piadosa.7

1. Hch. 15:21; 1 Ti. 4:13; Ap. 1:3 2. 2Ti.4:2;Lc.8:18 3. Col. 3:16; Ef. 5:19 4. Mt. 28:19,20 5. lCo.ll:26 6. Est 4:16; JI. 2:12; Mt. 9:15; Hch. 13:2,3; 1 Co. 7:5 7. Ex. 15:1-19; Sal. 107

6. Ahora, bajo el evangelio, ni la oración ni ninguna otra parte de la adoración religiosa están limitadas a un lugar, ni son más aceptables por el lugar en que se realizan, o hacia el cual se dirígen;’ sino que Dios ha de ser adorado en todas partes en espíritu y en verdad;2 tanto en cada familia en particular’ diariamente,4 como cada uno en secreto por sí solo;5 así como de una manera más solemne en las reuniones públicas,6 las cuales no han de descuidarse ni abandonarse voluntariamente o por negligencia, cuando Dios por su Palabra o providencia nos llama a ellas.7

1. Jn. 4:21 2 Mal. 1:11; 1 Ti. 2:8; Jn. 4:23,24 3. Di. 6:6,7; Job 1:5; 1 P. 3:7 4. Mt.6:11 5. Mt. 6:6 6. Sal. 84:1,2,10; Mt. 18:20; 1 Co. 3:16; 14:25; Ef. 2:21,22 7. Hch. 2:42; He. 10:25

7. Así como es la ley de la naturaleza que, en general, una proporción de Tiempo, por designio de Dios se dedique a la adoración de Dios, así en su Palabra, por un mandamiento positivo, moral y perpetuo que obliga a todos los hombres en todas las épocas, Dios ha señalado particularmente un día de cada siete como día de reposo, para que sea guardado santo para Él;1 el cual desde el principio del mundo hasta la resurrección de Cristo fue el último día de la semana y desde la resurrección de Cristo fue cambiado al primer día de la semana, que es llamado el Día del Señor y debe ser perpetuado hasta el fin del mundo como el día de reposo cristiano, siendo abolida la observancia del último día de la semana.2

1. Gn. 2:3; Ex. 20:8-11; Mr. 2:27,28; Ap. 1:10 2. Jn. 20:1; Hcb. 2:1; 20:7; 1 Co. 16:1; Ap. 1:10; Col. 2:16,17

8. El día de reposo se guarda santo para el Señor cuando los hombres, después de la debida preparación de su corazón y arreglados de antemano todos sus asuntos cotidianos, no solamente observan un santo descanso durante todo el día de sus propias labores, palabras y pensamientos’ acerca de sus ocupaciones y diversiones seculares; sino que también se dedican todo el tiempo al ejercicio público y privado de la adoración de Dios, y a los deberes de necesidad y de misericordia.2

1. Ex. 20:8-11; Neh. 13:15-22; Is. 58:13,14; Ap. 1:10 2. Mt. 12:1-13; Mr. 2:27,28

23. Juramentos Legales y Votos

​1. Un juramento licito es una parte de la adoración religiosa por el cual el jurador, teniendo en vista la verdad, la justicia y el juicio, solemnemente pone a Dios como testigo de lo que jura, (1) y para que le juzgue conforme a la verdad o la falsedad de sus palabras. (2)

(l) Ex 20:7; Dt. 10:20; Jer. 4:2 (2) 2 Cr. 6:22,23

2. Sólo en el nombre de Dios deben jurar los hombres, y este nombre ha de usarse con todo temor santo y con reverencia. Por lo tantó, jurar vana o temerariamente en ese Nombre glorioso y terrible, o definitivamente jurar por cualquiera otra cosa, es pecaminoso y debe aborrecerse. (3) Sin embargo, en asuntos de peso y de importancia, cuando la verdad requiere una confirmación y para poner fin a la contienda, un juramento está justificado por la palabra de Dios; (4) por eso, cuando una autoridad legítima exija un juramento legal para tales asuntos, este juramento debe hacerse. (5)

(3) Mt. 5:34,37; Slg.5:12 (4) He. 6:16; 2Cor.1:23 (5) Neh. 13:25

3. Todo aquel que hace un juramento de acuerdo a la Palabra de Dios debe considerar seriamente la gravedad de un acto tan solemne, y por lo tanto no afirmar nada que no sepa sea verdad, porque por medio de juramentos falsos y vacíos el Señor es provocado y por razón de ello la tierra es traída a miserias. (6)

(6) Lv. 19:12; Jer. 23:10

4. Un juramento debe hacerse en el sentido claro y común de las palabras, sin equivocación o reservas mentales. (7)

(7) Sal. 24:4 Sal 76:11; Gn. 28:20-22

5. Los votos han de ser hechos a Dios solamente y no a una criatura. Una vez hechos han de ser llevados a cabo escrupulosamente y fielmente.(8) Pero votos monásticos de vida soltera perpetua, (9) pobreza profesada (10) y obediencia regular que pertenecen a la iglesia de Roma, en lugar de representar santidad superior son meramente supersticiones y trampas pecaminosas en las cuales ningún cristiano debería enredarse.(11)

(9) 1Co. 7:2,9 (10) Ef. 4:28 (11) Mt. 19:11

24. El Gobierno Civil

1.Dios, el supremo Señor y Rey de todo el mundo, ha instituido a los magistrados civiles para estar sujetos a él, gobernando al pueblo para la gloria de Dios y el bien público; y con este fin les ha armado con el poder de la espada, para la defensa y aliento de los que hacen lo bueno, y para el castigo de los malhechores.

1. 1Ro. 13:14; 1 P. 2:13,14

2. Es lícito para los cristianos aceptar y desempeñar el cargo de magistrado cuando sean llamados para ello; en el desempeño de su cargo deben mantener especialmente la justicia y la paz,2 según las leyes sanas de cada reino y estado; así con este fin, bajo el Nuevo Testamento, pueden legalmente ahora hacer la guerra en ocasiones justas y necesarias.3

2. 2S. 23:3; Sal. 82:3,4 3. Lc 3:14

3. Como los gobernantes civiles son puestos por Dios con los propósitos ya mencionados, los cristianos están sujetos a ellos en los requisitos legales, y esto por causa del Señor y de la conciencia y no meramente para evitar castigo.4 Debemos ofrecer suplicas y oraciones a favor de los reyes y de los que están en autoridad, para que bajo su gobierno podamos vivir quieta y reposadamente en santidad y honestidad.5

4Ro. 13:57; 3. 1 P.2:17 5 1 Ti. 2:1,2

25. El Matrimonio

​1. El matrimonio ha de ser entre un hombre y una mujer; no es licito para ningún hombre tener más de una esposa, ni para ninguna mujer tener más de un marido.’

1. Gn. 2:24 con Mt 19:5,6; 1 Ti. 3:2; Tit. 1:6

2. El matrimonio fué instituido para la mutua ayuda de esposo y esposa; para multiplicar el género humano por medio de una descendencia legítima y para evitar la impureza.3

1. Gn. 2:18; Pr. 2:17; Mal. 2:14 2. Gn. 1:28; Sal. 127:3-5; 128:3,4 3. 1 Co. 7:2,9

3. Pueden casarse lícitamente toda clase de personas capaces de dar su consentimiento en su sano juicio; sin embargo, es deber de los cristianos casarse en el Señor. Y, por tanto, los que profesan la verdadera fe no deben casarse con incrédulos o idólatras; ni deben los que son piadosos unirse en yugo desigual, casándose con los que sean malvados en sus vidas o que sostengan herejías condenables.2

1. 1 Co. 7:39; 2 Co. 6:14; He. 13:4; 1 Ti. 4:3 2. 1 Co. 7:39; 2 Co. 6:14

4. El matrimonio no debe contraerse dentro de los grados de consanguinidad o afinidad prohibidos en la Palabra, ni pueden tales matrimonios incestuosos legalizarse jamás por ninguna ley humana, ni por el consentimiento de las partes, de tal manera que esas personas puedan vivir juntas como marido y mujer.1

1. Lv. 18:6-18: Am 2:7; Mr. 6:18; 1 Co. 5:1

26. La Iglesia

​1. La Iglesia católica o universal, 1 que (con respecto a la obra interna del Espíritu y la verdad de la gracia) puede llamarse invisible, se compone del número completo de los elegidos que han sido, son o serán reunidos en uno bajo Cristo, su cabeza; y es la esposa, el cuerpo, la plenitud de Aquel que llena todo en todos.2

1. Mt. 16:18; 1 Co. 12:28; Ef. 1:22; 4:11-15; 5:23-25,27,29,32; Col. 1:18,24; He. 12:23 2. Ef. l:22;A:11-15; 5:23-25,27,29,32; Col. 1:18,24; Ap. 21:9-14

2. Todas las personas en todo el mundo que profesan la fe del evangelio y obediencia a Dios por Cristo conforme al mismo, que no destruyan su propia profesión mediante errores fundamentales o conductas impías, son y pueden ser llamados santos visibles;1 y de tales personas todas las congregaciones locales deben estar compuestas.2

1. 1 Co. 1:2; Ro. 1:7,8; Hch. 11:26; ML 16:18; 28:15-20; 1 Co. 5:1-9 2. Mt. 18:15-20; Hch. 2:3742; 4:4; Ro. 1:7; 1 Co. 5:1-9

3. Las iglesias más puras bajo el cielo están sujetas a la impureza y al error,1 y algunas han degenerado tanto que han llegado a ser no iglesias de Cristo sino sinagogas de Satanás.2 Sin embargo, Cristo siempre ha tenido y siempre tendrá un reino en este mundo, hasta el fin del mismo, compuesto de aquellos que creen en Él y profesan su nombre.3

1. iCo. 1:11;5:1;6:6;1l:17-19;3Jn.9,l0;Ap.2y 3 2. Ap. 2:5 con 1:20; 1 Ti. 3:14,15; Ap. 18:2 3. Mt. 16:18; 24:14; 28:20; Mr. 4:3~32; Sal. 72:1~l8; 102:28; Is. 9:6,7; Ap. 12:17; 20:7-9

4. La Cabeza de la Iglesia es el Señor Jesucristo, en quien, por el designio del Padre, todo el poder requerido para el llamamiento, el establecimiento, el orden o el gobierno de la Iglesia, está suprema y soberanamente investido.1 No puede el papa de Roma ser cabeza de ella en ningún sentido, sino que él es aquel Anticristo, aquel hombre de pecado e hijo de perdición, que se ensalza en la Iglesia contra Cristo y contra todo lo que se llama Dios, a quien el Señor destruirá con el resplandor de su venida.2

1. Col. 1:18; Ef. 4:11-16; l:2~23; 5:23-32; 1 Co. 12:27,28; Jn. 17:1-3; Mt. 28:18-20; Hch. 5:31; Ja. l0:1~16 2. 2 Ts. 2:2-9

5. En el ejercicio de este poder que le ha sido confiado, el Señor Jesús, a través del ministerio de su Palabra y por su Espíritu, llama a si mismo del mundo a aquellos que le han sido dados por su Padre’ para que anden delante de Él en todos los caminos de la obediencia que Él les prescribe en su Palabra.2 A los así llamados, Él les ordena andar juntos en congregaciones concretas, o iglesias, para su edificación mutua y la debida observancia del culto público, que Él requiere de ellos en el mundo.3

1. Jn. 10:16,23; 12:32; 17:2; Hch. 5:31,32 2. Mt. 28:20 3. Mt. 18:15-20; Hch. 14:21-23; Tit. 1:5; 1 Ti. 1:3; 3:1~16; 5:17-22

6. Los miembros de estas iglesias son santos por su llamamiento, y en una forma visible manifiestan y evidencian (por su profesión de fe y su conducta) su obediencia al llamamiento de Cristo;’ y voluntariamente acuerdan andar juntos, conforme al designio de Cristo, dándose a sí mismos al Señor y mutuamente, por la voluntad de Dios, profesando sujeción a los preceptos del evangelio.2

1. Mt. 28:18-20; Hch. 14:22,23; Ro. 1:7; 1 Co. 1:2 con los vv. 13-17; 1 Ts. 1:1 con los vv. 2- 10; Hch. 2:37-42; 4:4; 5:13,14 2. Hch. 2:41,42; 5:13,14; 2 Co. 9:13

7. A cada una de estas iglesias así reunidas, el Señor, conforme a su mente declarada en su Palabra, ha dado todo el poder y autoridad en cualquier sentido necesarios para realizar ese orden en la adoración y en la disciplina que Él ha instituido para que lo guarden; juntamente con mandatos y reglas para el ejercicio propio y correcto y la ejecución del mencionado poder.1

1. Mt. 18:17-20; 1 Co. 5:4,5,13; 2 Co. 2:6-8

8. Una iglesia local, reunida y completamente organizada de acuerdo a la mente de Cristo, está compuesta por oficiales y miembros; y los oficiales designados por Cristo para ser escogidos y apartados por la iglesia (así llamada y reunida), para la particular administración de las ordenanzas y el ejercicio del poder o el deber, que Él les confía o al que les llama, para que continúen hasta el fin del mundo, son los obispos o ancianos, y los diáconos.’

1. Fil. 1:1; 1 Ti. 3:1-13; Hch. 20:17,28; TiL 1:5-7; 1 P. 5:2

9. La manera designada por Cristo para el llamamiento de cualquier persona que ha sido cualificada y dotada por el Espíritu Santo’ para el oficio de pastor o anciano en una iglesia, es que sea escogido para el mismo por común sufragio de la iglesia misma,2 y solemnemente apartado mediante ayuno y oración con la imposición de manos de los ancianos de la iglesia, si es que hay algunos constituidos anteriormente en ella;3 y para un diácono, que sea escogido por el mismo sufragio y apartado mediante oración y la misma imposición de manos.4

1. Ef. 4:11; 1 Ti. 3:1-13 2. Hch. 6:1-7; 14:23 con ML 18:17-20; 1 Co. 5:1-13 3. 1 Ti. 4:14; 5:22 4. Hch. 6:1-7

10. Siendo la obra de los pastores atender constantemente al servicio de Cristo, en sus iglesias, en el ministerio de la Palabra y la oración velando por sus almas, como aquellos que han de dar cuenta a Él, es la responsabilidad de las iglesias a las que ellos ministran darles no solamente todo el respeto debido, sino compartir también con ellos todas sus cosas buenas, según sus posibilidades,2 de manera que tengan una provisión adecuada, sin que tengan que enredarse en actividades seculares,3 y puedan también practicar la hospitalidad hacia los demás.4 Esto lo requiere la ley de la naturaleza y el mandato expreso de nuestro Señor Jesús, quien ha ordenado que los que predican el evangelio vivan del evangelio.5

1. Hch. 6:4; 1 Ti. 3:2; 5:17; He. 13:17 2. 1 Ti. 5:17,18; 1 Co. 9:14; Gá. 6:6,7 3. 2 Ti. 2:4 4. 1 Ti. 3:2 5. 1 Co. 9:6-14; 1 Ti. 5:18

11. Aunque sea la responsabilidad de los pastores de las iglesias, estar constantemente dedicados a la predicación de la Palabra, sin embargo la obra de predicar la Palabra no está tan particularmente limitada a ellos, sino que otros también dotados y cualificados por el Espíritu Santo para ello y aprobados y llamados por la iglesia, pueden y deben desempeñarla.’

1. Hch. 8:5; 11:19-21; 1 P. 4:10,11

12.Todos los creyentes están obligados a unirse a iglesias locales cuando y donde tengan la oportunidad de hacerlo. Asimismo todos aquellos que son admitidos a los privilegios de una iglesia también están sujetos a la disciplina y el gobierno de la misma iglesia, conforme a la norma de Cristo.’

1. 1 Ts. 5:14; 2 Ts. 3:6,14,15; 1 Co. 5:9-13; He. 13:17

13. Ningún miembro de iglesia, sobre la base de alguna ofensa recibida, habiendo cumplido el deber requerido de él hacia la persona que le ha ofendido, debe perturbar el orden de la iglesia, o ausentarse de las reuniones de la iglesia o de la administración de ninguna de las ordenanzas sobre la base de tal ofensa de cualquier otro miembro, sino que debe esperar en Cristo mientras prosigan las actuaciones de la iglesia.’

1. Mt. 18:15-17; Ef. 4:2,3; Col. 3:12-15; 1 Jn. 2:7-11,18,19; Ef. 4:2,3; Mt 28:20

14. Puesto que cada iglesia, y todos sus miembros, están obligados a orar continuamente por el bien y la prosperidad de todas las iglesias de Cristo en todos los lugares, y en todas las ocasiones ayudar a cada una dentro de los límites de sus áreas y vocaciones, en el ejercicio de sus dones y virtudes,1 así las iglesias, cuando estén establecidas por la providencia de Dios de manera que puedan gozar de la oportunidad y el beneficio de ello,2 deben tener comunión entre sí, para su paz, crecimiento en amor y edificación mutua.3

1. Jn. 13:34,35; 17:11,21-23; Ef. 4:11-16; 6:18; Sal. 122:6; Ro. 16:1-3; 3Jn. 8-10 con 2Jn. 511; Ro. 15:26; 2Co. 8:l-4,l6-24; 9:12-15; Col. 2:1 con 1:3,4,7 y 4:7,12 2. Gá 1:2,22; Col. 4:16; Ap. 1:4; Ro. 16:1,2; 3 Jn. 8-10 3. 1 Ja. 4:1-3 con 2 y 3 Juan; Ro. 16:1-3; 2 Co. 9:12-15; Jos. 22

15. En casos de dificultades o diferencias respecto a la doctrina o el gobierno de la iglesia, en que bien las iglesias en general o bien una sola iglesia están concernidas en su paz, unión y edificación; o uno o varios miembros de una iglesia son dañados por procedimientos disciplinarios que no sean de acuerdo a la verdad y al orden, es conforme a la mente de Cristo que muchas iglesias que tengan comunión entre sí, se reúnan a través de sus representantes para considerar y dar su consejo sobre los asuntos en disputa, para informar a todas las iglesias referidas.’ Sin embargo, a los representantes congregados no se les entrega ningún poder eclesiástico propiamente dicho ni jurisdicción sobre las iglesias mismas para ejercer disciplina sobre cualquiera de ellas o sus miembros, o para imponer sus decisiones sobre ellas o sus oficiales.2

1. Gá 2:2; Pr. 3:5-7; 12:15; 13:10 2. 1 Co. 7:25,36,40; 2 Co. 1:24; 1 Jn. 4:1

27. La Comunión de los Santos

1. Todos los santos que están unidos a Jesucristo,’ su cabeza, por su Espíritu y por la fe2 (aunque no por ello vengan a ser una persona con El3),participan en sus virtudes, padecimientos. muerte, resurrección y gloria;’ y, estando unidos unos a otros en amor, participan mutuamente de sus dones y virtudes,5 y están obligados al cumplimiento de tales deberes, públicos y privados, de manera ordenada, que conduzcan a su mutuo bien, tanto en el hombre interior como en el exterior.6

1. Ef. 1:4;Jn. 17:2,6;2Co.5:21;Ro. 6:8; 8:17;8:2; 1 Co. 6:17;2P. 1:4 2. Ef. 3:16,17; Gá. 2:20; 2 Co. 3:17,18 3. 1 Co. 8:6; Col. 1:18,19; 1 Ti. 6:15,16; Is. 42:8; Sal. 45:7; He. 1:8,9 4. 1 Jn. 1:3; Jn. 1:16; 15:1-6; Ef. 2:4-6; Ro. 4:25; 6:1-6; Fil. 3:10; Col. 3:3,4 5. Jn. 13:34,35; 14:15; Ef. 4:15; 1 P. 4:10; Ro. 14:7,8; 1 Co. 3:21-23; 12:7,25-27 6. Ro. 1:12; 12:10-13; 1 Ts. 5:11,14; 1 P. 3:8; 1 Jn. 3:17,18; Gá. 6:10

2. Los santos, por su profesión, están obligados a mantener entre sí un compañerismo y comunión santos en la adoración a Dios y en el cumplimiento de los otros servicios espirituales que tiendan a su edificación mutua,’ así como a socorrerse los unos a los otros en las cosas externas según sus posibilidades y necesidades.2 Según la norma del evangelio, aunque esta comunión deba ejercerse especialmente en las relaciones en que se encuentren, ya sea en las familias o en las iglesias,3 no obstante, debe extenderse, según Dios dé la oportunidad, a toda la familia de la fe, es decir, a todos los que en todas partes invocan el nombre del Señor Jesús.4 Sin embargo, su comunión mutua como santos no quita ni infringe el derecho o la propiedad que cada hombre tiene sobre sus bienes y posesiones.5

1. He. 10:24,25; 3:12,13 2. Hch. 11:29,30; 2 Co. 8,9; Gá. 2; Ro. 15 3. 1 Ti. 5:8,16; Ef. 6:4; 1 Co. 12:27

28. El Bautismo y la Cena del Señor

​1. El bautismo y la Cena del Señor son ordenanzas que han sido positiva y soberanamente instituidas por el Señor Jesús, el único legislador,’ para que continúen en su Iglesia hasta el fin del mundo.2

1. Mt 28:19,20; 1 Co. 11:24,25 2. Mt. 28:18-20; Ro. 6:3,4; 1 Co. 1:13-17; G~ 3:27; Ef. 4:5; Col. 2:12; 1 P. 3:21; 1 Co. 11:26; Lc. 22:14-20

2. Estas santas instituciones han de ser administradas solamente por aquellos que estén cualificados y llamados para ello, según la comisión de Cristo.’

1. Mt 24:45-51; Lc. 12:41-44; 1 Co. 4:1; Tit 1:5-7

29. El Bautismo

​1 El bautismo es una ordenanza del Nuevo Testamento instituida por Jesucristo, con el fin de ser para la persona bautizada una señal de su comunión con Él en su muerte y resurrección, de estar injertado en Él,’ de la remisión de pecados2 y de su entrega a Dios por medio de Jesucristo para vivir y andar en novedad de vida.3

1. Ro. 6:3-5; Col. 2:12; Gá. 3:27 2. Mr. 1:4; Hch. 22:16 3. Ro.6:4

2. Los que realmente profesan arrepentimiento para con Dios y fe en nuestro Señor Jesucristo y obediencia a Él son los únicos sujetos adecuados de esta ordenanza.’

1. Mt 3:1-12; Mr. l:4-6; Lc. 3:3-6; Mt. 28:19,20; Mr. 16:15,16; Jn. 4:1,2; 1 Co. 1:13-17; Hch. 2:37-41; 8:12,13,36-38; 9:18; 10:47,48; 11:16; 15:9; 16:14,15,31-34; 18:8; 19:3-5;22:16;Ro.6:3,4;Gá.3:27; Col. 2:12; 1 P. 3:21; Jer. 31:31-34; Fil. 3:3; Jn. 1:12,13; Mt. 21:43

3. El elemento exterior que debe usarse en esta ordenanza es el agua, en la cual ha de ser bautizada1 la persona en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.2

1. Mt. 3:11; Hch. 8:36,38; 22:16 2. ML 28:18-20

4. La inmersión de la persona en el agua es necesaria para la correcta administración de esta ordenanza.’

1. 2R. 5:14; Sal. 69:2; Is. 21:4;Mr. 1:5,8-9;Jn.3:23;Hch.8:38;Ro.6:4; Col. 2:12; Mr. 7:3,4; 10:38,39;Lc. 12:50; 1 Co. 10:1,2; Mt. 3:11;Hch. 1:5,8; 2:1-4,17

30. La Cena del Señor

​1. La Cena del Señor Jesús fue instituida por Él la misma noche en que fue entregado,’ para que se observara en sus iglesias2 hasta el fin del mundo,3 para el recuerdo perpetuo y para la manifestación del sacrificio de si mismo en su muerte,4 para confirmación de la fe de los creyentes en todos los beneficios de la misma,5 para su alimentación espiritual y crecimiento en Él,6 para un mayor compromiso en todas las obligaciones que le deben a Él,7 y para ser un vínculo y una prenda de su comunión con Él y entre ellos mutuamente.”

1. 1 Co. 11:23-26; Mt. 26:20-26; Mr. 14:17-22; Lc. 22:19-23 2. Hch. 2:41,42; 20:7; 1 Co. 11:17-22,33,34 3. Mr. 14:24,25; Lc. 22:17-22; 1 Co. 11:24-26 4. 1 Co. 11:24-26; Mt. 26:27,28; Lc. 22:19,20 5. Ro.4:11 6. Jn. 6:29,35,47-58 7. 1 Co. 11:25 8. 1 Co. 10:16,17

2. En esta ordenanza Cristo no es ofrecido a su Padre, ni se hace en absoluto ningún verdadero sacrificio para la remisión del pecado ni de los vivos ni de los muertos; sino que solamente es un memorial de aquel único ofrecimiento de sí mismo y por si mismo en la cruz, una sola vez para siempre,’ y una ofrenda espiritual de toda la alabanza posible a Dios por el mismo.2 Así que el sacrificio papal de la misa, como ellos la llaman, es sumamente abominable e injurioso para con el sacrificio mismo de Cristo, la única propiciación por todos los pecados de los elegidos.

1. Jn. 19:30; He. 9:25-28; 10:10-14; Lc. 22:19; 1 Co. 11:24,25 2. Mt. 26:26,27,30 con He. 13:10-16

3. El Señor Jesús, en esta ordenanza, ha designado a sus ministros para que oren y bendigan los elementos del pan y del vino, y que los aparten así del uso común para el uso sagrado; que tomen y partan el pan, y tomen la copa y (participando también ellos mismos) den ambos a los participantes.’

1. 1 Co. 11:23-26; Mt. 26:26-28; Mr. 14:24,25; Lc. 22:19-22

4. El negar la copa al pueblo,1 el adorar los elementos, el elevarlos o llevarlos de un lugar a otro para adorarlos y el guardarlos para cualquier pretendido uso religioso,2 es contrario a la naturaleza de esta ordenanza y a la institución de Cristo.3

1. Mt. 26:27; Mr. 14:23; 1 Co. 11:25-28 2. Ex. 20:4,5 3. Mt. 15:9

5. Los elementos externos de esta ordenanza, debidamente separados para el uso ordenado por Cristo, tienen tal relación con Él crucificado que en un sentido verdadero, aunque en términos figurativos, se llaman a veces por el nombre de las cosas que representan, a saber: el cuerpo y la sangre de Cristo;’ no obstante, en sustancia y en naturaleza, esos elementos siguen siendo verdadera y solamente pan y vino, como eran antes.2

1. 1 Co. 11:27; Mt. 26:26-28 2. 1 Co. 11 :2~28; Mt. 26:29

6. Esa doctrina que sostiene un cambio de sustancia del pan y del vino en la. sustancia del cuerpo y la sangre de Cristo (llamada comúnmente transustanciación), por la consagración de un sacerdote, o de algún otro modo, es repugnante no sólo a la Escritura’ sino también al sentido común y a la razón; echa abajo la naturaleza de la ordenanza; y ha sido y es la causa de muchísimas supersticiones y, además, de crasas idolatrías.

1. Mt. 26:26-29; Lc. 24:3643,50,51; Jn. 1:14; 20:2&29; Hch. 1:9-11; 3:21; lCo. 1l:2~26;lc. 12:l;Ap. 1:20;Gn. 17:l0,11;Ez.37:ll;Gn. 41:26,27

7. Los que reciben dignamente esta ordenanza,’ participando externamente de los elementos visibles, también participan interiormente, por la fe, de una manera real y verdadera, aunque no carnal ni corporal, sino alimentándose espiritualmente de Cristo crucificado y recibiendo todos los beneficios de su muerte.2 El cuerpo y la sangre de Cristo no están entonces ni camal ni corporal sino espiritualmente presentes en aquella ordenanza a la fe de los creyentes, tanto como los elementos mismos lo están para sus sentidos corporales.3

1. 1 Co. 11:28 2. Jn. 6:29,35,47-58 3. 1 Co. 10:16

8. Todos los ignorantes e impíos, no siendo aptos para gozar de la comunión con Cristo, son por tanto indignos de la mesa del Señor y, mientras permanezcan como tales, no pueden, sin pecar grandemente contra Él, participar de estos sagrados misterios, ni ser admitidos a ellos;’ además, quienquiera que los reciba indignamente es culpable del cuerpo y la sangre del Señor, pues come y bebe juicio para si.2

1. Mt. 7:6; Ef. 4:17-24; 5:3-9; Ex. 20:7,16; 1 Co. 5:9-13; 2 Jn. 10; Hch. 2:41,42; 20:7; 1 Co. 11:17-22,33,34 2. 1 Co. 11 :20-22,27-34

31. El estado del Hombre después de la muerte y la Resurrección de los Muertos

1. Los cuerpos de los hombres vuelven al polvo después de la muerte y ven la corrupción,’ pero sus almas (que ni mueren ni duermen), teniendo una subsistencia inmortal, vuelven inmediatamente a Dios que las dio.2 Las almas de los justos, siendo entonces hechas perfectas en santidad, son recibidas en el Paraíso donde están con Cristo, y contemplan la faz de Dios en luz y gloria, esperando la plena redención de sus cuerpos. Las almas de los malvados son arrojadas al infierno, donde permanecen atormentadas y envueltas en densas tinieblas, reservadas para el juicio del gran día4 Fuera de estos dos lugares para las almas separadas de sus cuerpos, la Escritura no reconoce ningún otro.

1. Ga. 2:17; 3:19; Hch. 13:36; Ro. 5:12-21; 1 Co. 15:22 2. Gn. 2:7; Stg. 2:26; Mt. 10:28; Ec. 12:7 3. Sal. 23:6; 1 R. 8:2749; Is. 63:15; 66:1; Lc. 23:43; Hch. 1:9-11; 3:21; 2 Co. 5:6-8; 12:24; Ef. 4:10; Fil. 1:21-23; He. 1:3; 4:14,15; 6:20; 8:1; 9:24; 12:23; Ap. 6:9-11; 14:13; 20:4-6 4. Lc. 16:22-26; Hch. 1:25; 1 P. 3:19; 2 P. 2:9

2. Los santos que se encuentren vivos en el último día no dormirán, sino que serán transformados,’ y todos los muertos serán resucitados2 con sus mismos cuerpos, y no con otros,3 aunque con diferentes cualidades,4 y éstos serán unidos otra vez a sus almas para siempre.5

1. 1 Co. 15:50-53; 2 Co. 5:14; 1 Ts. 4:17 2. Dn. 12:2; Jn. 5:28,29; Hch. 24:15 3. Job 19:26,27; Ja. 5:28,29; 1 Co. 15:35-38,42-44 4. 1 Co. 15:4244,52-54 5. Dn. 12:2; Mt. 25:46

3. Los cuerpos de los injustos, por el poder de Cristo, serán resucitados para deshonra;’ los cuerpos de los justos, por su Espíritu,2 para honra,3y serán hechos entonces semejantes al cuerpo glorioso de Cristo.4

32. El Juicio Final

1. Dios ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia por Jesucristo, a quien todo poder y juicio ha sido dado por el Padre.’ En aquel día, no sólo los ángeles apóstatas serán juzgados,2 sino que también todas las personas que han vivido sobre la tierra comparecerán delante del tribunal de Cristo” para dar cuenta de sus pensamientos, palabras y acciones, y para recibir conforme a lo que hayan hecho mientras estaban en el cuerpo, sea bueno o malo.4

1. Hch. 17:31; Jn. 5:22,27 2. 1 Co. 6:3; Jud. 6 3. Mt. 16:27; 25:3146; Hch. 17:30,31; Ro. 2:6-16; 2 Ts. 1:5-10; 2 P. 3:1-13; Ap. 20:11-15 4. 2 Co. 5:10; 1 Co. 4:5; Mt. 12:36

2. El propósito de Dios al establecer este día es la manifestación de la gloria de su misericordia en la salvación eterna de los elegidos, y la de su justicia en la condenación eterna de los réprobos, que son malvados y desobedientes;’ pues entonces entrarán los justos a la vida eterna y recibirán la plenitud de gozo y gloria con recompensas eternas en la presencia del Señor; pero los malvados, que no conocen a Dios ni obedecen al evangelio de Jesucristo, serán arrojados al tormento eterno y castigados con eterna perdición, lejos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder.2

1. Ro. 9:22,23 2. Mt 18:8; 25:41,46; 2 Ts. 1:9; He. 6:2; Jud. 6; Ap. 14:10,11; Lc. 3:17; Mr. 9:43,48; Mt. 3:12; 5:26; 13:41,42; 24:51; 25:30

3. Así como Cristo quiere que estemos ciertamente persuadidos de que habrá un día de juicio, tanto para disuadir a todos los hombres de pecar,’ como para el mayor consuelo de los piadosos en su adversidad;2 así también quiere que ese día sea desconocido para los hombres, para que se desprendan de toda seguridad carnal y estén siempre velando porque no saben a qué hora vendrá el Señor;3 y estén siempre preparados para decir: Ven, Señor Jesús; ven pronto.4

Amén.

1. 2Co.5:10,11 2. 2Ts. 1:5-7 3. Mr. 13:35-37; Lc. 12:35-40 4. Ap. 22:20

Fe y Mensaje Bautista 2000

I. Las Escrituras

La Santa Biblia fue escrita por hombres divinamente inspirados y es la revelación que Dios hace de sí mismo al hombre. Es un tesoro perfecto de instrucción divina. Tiene a Dios como su autor, su propósito es la salvación, y su tema es la verdad, sin mezcla alguna de error. Por tanto, toda la Escritura es totalmente verdadera y confiable. Ella revela los principios por los cuales Dios nos juzga, y por tanto es y permanecerá siendo hasta el fin del mundo, el centro verdadero de la unión Cristiana, y la norma suprema por la cual toda conducta, credos, y opiniones religiosas humanas deben ser juzgadas. Toda la Escritura es un testimonio de Jesús, quien es Él mismo el centro de la revelación divina. Éxodo 24.4; Deuteronomio 4.1-2; 17.19; Josué 8.34; Salmos 19.7-10; 119.11, 89, 105, 140; Isaías 34.16; 40.8; Jeremías 15.16; 36.1-32; Mateo 5.17-18; 22.29; Lucas 21.33; 24.44-46; Juan 5.39; 16.13-15; 17.17; Hechos 2.16 y sgts.; 17.11; Romanos 15.4; 16.25-26; 2 Timoteo 3.15-17; Hebreos 1.1-2; 4..12; 1 Pedro 1.25, 2 Pedro 1.19-21.

II. Dios

Hay un Dios, y solo uno, viviente y verdadero. Él es un Ser inteligente, espiritual y personal, el Creador, Redentor, Preservador y Gobernador del universo. Dios es infinito en santidad y en todas las otras perfecciones. Dios es todopoderoso y omnisciente; y su perfecto conocimiento se extiende a todas las cosas, pasadas, presentes y futuras, incluyendo las decisiones futuras de sus criaturas libres. A Él le debemos el amor más elevado, reverencia y obediencia. El Dios eterno y trino se revela a sí mismo como Padre, Hijo y Espíritu Santo, con distintos atributos personales, pero sin división de naturaleza, esencia o ser. A. Dios el Padre Dios como Padre reina con cuidado providencial sobre todo su universo, sus criaturas, y el fluir de la corriente de la historia humana de acuerdo a los propósitos de su gracia. Él es todopoderoso, omnisciente, todo amor, y todo sabio. Dios es Padre en verdad de todos aquellos que llegan a ser sus hijos por medio de la fe en Cristo Jesús. Él es paternal en su actitud hacia todos los hombres. Génesis 1.1; 2.7; Éxodo 3.14; 6.2-3; 15.11 y sgts.; 20.l y sgts.; Levítico 22.2; Deuteronomio 6.4; 32.6; 1 Crónicas 29.10; Salmos 19.1-3; Isaías 43.3,15; 64.8; Jeremías 10.10; 17.13; Mateo 6.9 y sgts.; 7.11; 23.9; 28.19; Marcos 1.9-11; Juan 4.24; 5.26; 14.6-13; 17.1-8; Hechos 1.7; Romanos 8.14-15; 1 Corintios 8.6; Gálatas 4.6; Efesios 4.6; Colosenses 1.15; 1 Timoteo 1.17; Hebreos 11.6; 12.9; 1 Pedro 1.17; 1 Juan 5.7. B. Dios el Hijo Cristo es el Hijo eterno de Dios. En su encarnación como Jesucristo fue concebido del Espíritu Santo y nacido de la virgen María. Jesús reveló y cumplió perfectamente la voluntad de Dios, tomando sobre sí mismo la naturaleza humana con sus demandas y necesidades e identificándose completamente con la humanidad, pero sin pecado. Él honró la ley divina por su obediencia personal, y en su muerte sustituta en la cruz, Él hizo provisión para la redención de los hombres del pecado. Él fue levantado de entre los muertos con un cuerpo glorificado y apareció a sus discípulos como la persona que estaba con ellos antes de su crucifixión. Él ascendió a los cielos y está ahora exaltado a la diestra de Dios donde Él es el Único Mediador, completamente Dios, completamente hombre, en cuya Persona se ha efectuado la reconciliación entre Dios y el hombre. Él volverá con poder y gloria para juzgar al mundo y consumar su misión redentora. Él mora ahora en todos los creyentes como el Señor vivo y omnisciente. Génesis 18.1 y sgts.; Salmos 2.7 y sgts.; 110.1 y sgts.; Isaías 7.14; 53; Mateo 1.18- 23; 3.17; 8.29; 11.27; 14.33; 16.16,27; 17.5; 27; 28.1-6,19; Marcos 1.1; 3.11, Lucas 1.35; 4.41; 22.70; 24.46; Juan 1.1-18,29; 10.30,38; 11.25-27; 12.44-50; 14.7-11; 16.15-16,28; 17.1-5,21-22; 20.1-20,28; Hechos 1.9; 2.22-24; 7.55-56; 9.4- 5,20; Romanos 1.3-4; 3.23-26; 5.6-21; 8.1-3,34; 10.4; 1 Corintios 1.30; 2.2; 8.6; 15.1-8, 24-28; 2 Corintios 5.19-21; 8.9; Gálatas 4.4-5; Efesios 1.20; 3.11; 4.7-10; Filipenses 2.5-11; Colosenses 1.13-22; 2.9; 1 Tesalonicenses 4.14-18; 1 Timoteo 2.5-6; 3.16; Tito 2.13-14; Hebreos 1.1-3; 4.14-15; 7.14-28; 9.12-15, 24-28; 12.2; 13.8; 1 Pedro 2.21-25; 3.22; 1 Juan 1.7-9; 3.2; 4.14-15; 5.9; 2 Juan 7-9; Apocalipsis 1.13-16; 5.9-14; 12.10-11; 13.8; 19.16. C. Dios, el Espíritu Santo El Espiritu Santo es el Espíritu de Dios, completamente divino. Él inspiró a santos hombres de la antigüedad para que escribieran las Escrituras. Mediante la iluminación Él capacita a los hombres para entender la verdad. Él exalta a Cristo. Él convence a los hombres de pecado, de justicia, y de juicio. Él llama a los hombres al Salvador, y efectúa la regeneración. En el momento de la regeneración Él bautiza a cada creyente en el Cuerpo de Cristo. Él cultiva el carácter cristiano, conforta a los creyentes, y les da los dones espirituales por medio de los cuales ellos sirven a Dios mediante su iglesia. Él sella al creyente para el día de la redención final. Su presencia en el cristiano es la garantía de que Dios llevará al creyente hasta alcanzar la plenitud de la estatura de Cristo. Él ilumina y da poder al creyente y a la iglesia en adoración, evangelismo, y servicio. Génesis 1.2; Jueces 14.6; Job 26.13; Salmos 51.11; 139.7 y sgts. Isaías 61.1-3; Joel 2.28-32; Mateo 1.18; 3.16; 4.1; 12.28-32; 28.19; Marcos 1.10,12; Lucas 1.35; 4.1, 18-19; 11.13; 12.12; 24.49; Juan 4.24; 14.16-17,26; 15.26; 16.7-14; Hechos 1.8; 2 2.1-4,38; 4.31; 5.3; 6.3; 7.55; 8.17,39; 10.44; 13.2; 15.28; 16.6; 19.1-6; Romanos .9-11,14-16,26-27; 1 Corintios 2.10-14; 3.16; 12.3-11,13; Gálatas 4.6; Efesios 1.13-14; 4.30; 5.18; 1 Tesalonicenses 5.19; 1 Timoteo 3.16; 4.1; 2 Timoteo 1.14; 3.16; Hebreos 9.8,14; 2 Pedro 1.21; 1 Juan 4.13; 5.6-7; Apocalipsis 1.10: 22.17.

III. El Hombre

El hombre es la creación especial de Dios, hecho a su propia imagen. Él los creó hombre y mujer como la corona de su creación. La dádiva del género es por tanto parte de la bondad de la creación de Dios. En el principio el hombre era inocente y fue dotado por Dios con la libertad para elegir. Por su propia decisión el hombre pecó contra Dios y trajo el pecado a la raza humana. Por medio de la tentación de Satanás el hombre transgredió el mandamiento de Dios, y cayó de su estado original de inocencia, por lo cual su posteridad heredó una naturaleza y un ambiente inclinado al pecado. Por tanto, tan pronto como son capaces de realizar una acción moral, se convierten en transgresores y están bajo condenación. Solamente la gracia de Dios puede traer al hombre a su compañerismo santo y capacitar al hombre para que cumpla el propósito creativo de Dios. La santidad de la personalidad humana es evidente en que Dios creó al hombre a su propia imagen, y en que Cristo murió por el hombre; por lo tanto, cada persona de cada raza posee absoluta dignidad y es digna del respeto y del amor Cristiano. Génesis 1.26-30; 2.5, 7.18-22; 3; 9.6; Salmos 1; 8.3-6; 32.1-5; 51.5; Isaías 6.5; Jeremías 17.5; Mateo 16.26; Hechos 17.26-31; Romanos 1.19-32; 3.10-18,23; 5.6,12,19; 6.6; 7.14-25; 8.14-18,29; 1 Corintios 1.21-31; 15.19,21-22; Efesios 2.1- 22; Colosenses 1.21-22; 3.9-11.

IV. Salvación

La salvación implica la redención total del hombre, y se ofrece gratuitamente a todos los que aceptan a Jesucristo como Señor y Salvador, quien por su propia sangre obtuvo redención eterna para el creyente. En su sentido más amplio la salvación incluye la regeneración, la justificación, la santificación, y la glorificación. No hay salvación aparte de la fe personal en Jesucristo como Señor. A. Regeneración, o el nuevo nacimiento, es una obra de la gracia de Dios por la cual los creyentes llegan a ser nuevas criaturas en Cristo Jesús. Es un cambio de corazón, obrado por el Espíritu Santo por medio de la convicción de pecado, al cual el pecador responde en arrepentimiento hacia Dios y fe en el Señor Jesucristo. El arrepentimiento y la fe son experiencias de gracia inseparables. El arrepentimiento es una genuina vuelta del pecado hacia Dios. La fe es la acepta- ción de Jesucristo y la dedicación de la personalidad total a Él como Señor y Salvador. B. Justificación, es la obra de gracia de Dios y la completa absolución basada en los principios de su gracia hacia todos los pecadores que se arrepienten y creen en Cristo. La justificación coloca al creyente en una relación de paz y favor con Dios. C. Santificación es la experiencia que comienza en la regeneración, mediante la cual el creyente es separado para los propósitos de Dios, y es capacitado para progresar hacia la madurez moral y espiritual por medio de la presencia del Espíritu Santo que mora en él. El crecimiento en gracia debe continuar durante toda la vida de la persona regenerada. D. Glorificación es la culminación de la salvación y es el estado bendito y permanente del redimido. Génesis 3.15; Ëxodo 3.14-17; 6.2-8; Mateo 1.21; 4.17; 16.21-26; 27.22-28.6; Lucas 1.68-69; 2.28-32; Juan 1.11-14,29; 3.3-21,36; 5.24; 10.9,28-29; 15.1-16; 17.17; Hechos 2.21; 4.12; 15.11; 16.30-31; 17.30-31; 20.32; Romanos 1.16-18; 2.4; 3.23-25; 4.3 y sgts.; 5.8-10; 6.1-23; 8.1-18,29-39; 10.9-10,13; 13.11-14; 1 Corintios 1.18, 30; 6.19-20; 15.10; 2 Corintios 5.17-20; Gálatas 2.20; 3.13; 5.22- 25; 6.15; Efesios 1.7; 2.8-22; 4.11-16; Filipenses 2.12-13; Colosenses 1.9-22; 3.1 y sgts.; 1 Tesalonicenses 15.23-24; 2 Timoteo 1.12; Tito 2.11-14; Hebreos 2.1-3; 5.8- 9; 9.24-28; 11.1-12.8,14; Santiago 2.14-26; 1 Pedro 1.2-23; 1 Juan 1.6-2.11; Apocalipsis 3.20; 21.1-22.5.

V. El Propósito de la Gracia de Dios

La elección es el propósito de la gracia de Dios, según el cual Él regenera, justifica, santifica y glorifica a los pecadores. Es consistente con el libre albedrío del hombre, e incluye todos los medios relacionados con el fin. Es la gloriosa expresión de la bondad soberana de Dios, y es infinitamente sabia, santa e inmutable. Excluye la jactancia y promueve la humildad. Todos los verdaderos creyentes perseveran hasta el fin. Aquellos a quienes Dios ha aceptado en Cristo y santificado por su Espíritu, jamás caerán del estado de gracia, sino que perseverarán hasta el fin. Los creyentes pueden caer en pecado por negligencia y tentación, por lo cual contristan al Espíritu, menoscaban sus virtudes y su bienestar, y traen reproche a la causa de Cristo y juicios temporales sobre sí mismos; sin embargo, ellos serán guardados por el poder de Dios mediante la fe para salvación. Génesis 12.1-3; Éxodo 19.5-8; 1 Samuel 8.4-7,19-22; Isaías 5.1-7; Jeremías 31.31 y sgts.; Mateo 16.18-19; 21.28-45; 24.22,31; 25.34; Lucas 1.68-79; 2.29-32; 19.41- 44: 24.44-48; Juan 1.12-14; 3.16; 5.24; 6.44-45,65; 10.27-29; 15.16; 17.6,12.17- 18: Hechos 20.32; Romanos 5.9-10; 8.28-29; 10.12-15; 11.5-7,26-36; 1 Corintios 1.1-2; 15.24-28; Efesios 1.4-23; 2.1-10; 3.1-11; Colosenses 1.12-14; 2Tesalonicenses 2.13-14; 2 Timoteo 1.12; 2.10,19; Hebreos 11.39-12.2; Santiago 1.12; 1 Pedro 1.2-5,13; 2.4-10; 1 Juan 1.7-9; 2.19; 3.2.

VI. La Iglesia

Una iglesia del Nuevo Testamento del Señor Jesucristo es una congregación local y autónoma de creyentes bautizados, asociados en un pacto en la fe y el compañerismo del evangelio; cumpliendo las dos ordenanzas de Cristo, gobernada por sus leyes, ejercitando los dones, derechos, y privilegios con los cuales han sido investidos por su Palabra, y que tratan de predicar el evangelio hasta los fines de la tierra. Cada congregación actúa bajo el señorío de Jesucristo por medio de procesos democráticos. En tal congregación cada miembro es responsable de dar cuentas a Jesucristo como Señor. Sus oficiales escriturales son pastores y diáconos. Aunque tanto los hombres como las mujeres son dotados para servir en la iglesia, el oficio de pastor está limitado a los hombres, como lo limita la Escritura. El Nuevo Testamento habla también de la iglesia como el Cuerpo de Cristo el cual incluye a todos los redimidos de todas las edades, creyentes de cada tribu, y lengua, y pueblo, y nación. Mateo 16.15-19; 18.15-20; Hechos 2.41-42, 47; 5.11-14; 6.3-6; 14.23,27; 15.1-30; 16.5; 20.28; Romanos 1.7; 1 Corintios 1.2; 3.16; 5.4-5; 7.17; 9.13-14; 12, Efesios 1.22-23; 2.19-22; 3.8-11,21; 5.22-32; Filipenses 1.1; Colosenses 1.18; 1 Timoteo 2.9-14; 3.1-15; 4.14; Hebreos 11.39-40; 1 Pedro 5.1-4; Apocalipsis 2-3; 21.2-3.

VII. El Bautismo y la Cena del Señor

El bautismo cristiano es la inmersión de un creyente en agua en el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo. Es un acto de obediencia que simboliza la fe del creyente en un Salvador crucificado, sepultado y resucitado, la muerte del creyente al pecado, la sepultura de la antigua vida, y la resurrección para andar en novedad de vida en Cristo Jesús. Es un testimonio de su fe en la resurrección final de los muertos. Como es una ordenanza de la iglesia, es un requisito que precede al privilegio de ser miembro de la iglesia y a participar en la Cena del Señor. La Cena del Señor es un acto simbólico de obediencia por el cual los miembros de la iglesia, al participar del pan y del fruto de la vid, conmemoran la muerte del Redentor y anuncian su segunda venida. Mateo 3.13-17; 26.26-30; 28.19-20; Marcos 1.9-11; 14.22-26; Lucas 3.21-22; 22.19-20; Juan 3.23; Hechos 2.41-42; 8.35-39; 16.30.33; 20.7; Romanos 6.3-5; 1 Corintios 10.16,21; 11.23-29; Colosenses 2.12.

VIII. El Día del Señor

El primer día de la semana es el Día del Señor. Es una institución cristiana que se debe observar regularmente. Conmemora la resurrección de Cristo de entre los muertos y debe incluir ejercicios de adoración y devoción espiritual, tanto públicos como privados. Las actividades en el Día del Señor deben estar de acuerdo con la conciencia Cristiana bajo el Señorío de Jesucristo. Éxodo 20.8-11; Mateo 12.1-12; 28.1 y sgts.; Marcos 2.27-28; 16.1-7; Lucas 24.1- 3,33-36; Juan 4.21-24; 20.1,19-28; Hechos 20.7; Romanos 14.5-10; 1 Corintios 16.1-2; Colosenses 2.16; 3.16; Apocalipsis 1.10.

IX. El Reino

El Reino de Dios incluye tanto su soberanía general sobre el universo como su señorío particular sobre los hombres que voluntariamente lo reconocen como Rey. Particularmente el Reino es el reino de la salvación en el cual los hombres entran mediante su entrega a Jesucristo por medio de una fe y confianza semejante a la de un niño. Los Cristianos deben orar y trabajar para que venga el Reino y que la voluntad de Dios se haga en la tierra. La consumación final del Reino espera el regreso de Jesucristo y el fin de esta era. Génesis 1.1; Isaías 9.6-7; Jeremías 23.5-6; Mateo 3.2; 4.8-10,23; 12.25-28; 13.1- 52; 25.31-46; 26.29; Marcos 1.14-15; 9.1; Lucas 4.43; 8.1; 9.2; 12.31-32; 17.20- 21; 23.42; Juan 3.3; 18.36; Hechos 1.6-7; 17.22-31; Romanos 5.17; 8.19; 1 Corintios 15.24-28; Colosenses 1.13; Hebreos 11.10,16; 12.28; 1 Pedro 2.4-10; 4.13; Apocalipsis 1.6,9; 5.10; 11.15; 21- 22.

X. Las Últimas Cosas

Dios, en su propio tiempo y en su propia manera, traerá el mundo a su fin apropiado. De acuerdo a su promesa, Jesucristo regresará a la tierra en gloria de manera personal y visible; los muertos resucitarán; y Cristo juzgará a todos los hombres en justicia. Los injustos serán consignados al Infierno, el lugar del castigo eterno. Los justos en sus cuerpos resucitados y glorificados recibirán su recompensa y morarán para siempre en el Cielo con el Señor. Isaías 2.4; Mateo 16.27; 18.8.9; 19.28; 24.27,30,36,44; 25.31-46; 26.64; Marcos 8.38; 9.43-48: Lucas 12.40,48; 16.19-26; 17.22-37; 21.27-28; Juan 14.1-3; Hechos 1.11; 17.31; Romanos 14.10; 1 Corintios 4.5; 15.24-28,35-58; 2 Corintios 5.10; Filipenses 3.20-21; Colosenses 1.5; 3.4; 1 Tesalonicenses 4.14-18; 5.1 y sgts. 2 Tesalonicenses 1.7 y sgts.; 2; 1 Timoteo 6.14; 2 Timoteo 4.1,8; Tito 2.13; Hebreos 9.27-28; Santiago 5.8; 2 Pedro 3.7 y sgts. 1 Juan 2.28; 3.2; Judas 14; Apocalipsis 1.18; 3.11; 20:1-22.13.

XI. Evangelismo y Misiones

Es deber y privilegio de cada seguidor de Cristo y de cada iglesia del Señor Jesucristo esforzarse por hacer discípulos de todas las naciones. El nuevo nacimiento del espíritu del hombre por el Espíritu Santo de Dios significa el nacimiento del amor a los demás. El esfuerzo misionero de parte de todos, por lo tanto, depende de una necesidad espiritual de la vida regenerada, y se expresa y ordena repetidamente en las enseñanzas de Cristo. El Señor Jesucristo ha ordenado que se predique el evangelio a todas las naciones. Es deber de cada hijo de Dios procurar constantemente ganar a los perdidos para Cristo mediante el testimonio personal apoyado por un estilo de vida Cristiano, y por otros métodos que estén en armonía con el evangelio de Cristo. Génesis 12.1-3; Éxodo 19.5-6; Isaías 6.1-8; Mateo 9.37-38; 10.5-15; 13.18-30,37- 43; 16.19; 22.9-10; 24.14; 28.18-20; Lucas 10.1-18; 24.46-53; Juan 14.11-12; 15.7-8,16; 17.15; 20.21; Hechos 1.8; 2.; 8.26-40; 10.42-48; 13.2-3; Romanos 10.13-15; Efesios 3.1-11; 1 Tesalonicenses 1.8; 2 Timoteo 4.5; Hebreos 2.1-3; 11.39-12.2; 1 Pedro 2.4-10; Apocalipsis 22.17.

XII. Educación

El Cristianismo es la fe de la iluminación y la inteligencia. En Jesucristo habitan todos los tesoros de sabiduría y conocimiento. Todo conocimiento básico es, por lo tanto, una parte de nuestra herencia cristiana. El nuevo nacimiento abre todas las facultades humanas y crea sed de conocimiento. Por otra parte, la causa de la educación en el Reino de Cristo está coordinada con las causas de las misiones y de la beneficencia, y debe recibir juntamente con éstas el apoyo liberal de las iglesias. Un sistema adecuado de educación Cristiana es necesario para completar el programa espiritual del cuerpo de Cristo. En la educación Cristiana debe haber un balance apropiado entre la libertad académica y la responsabilidad académica. La libertad en cualquier relación humana ordenada es siempre limitada y nunca absoluta. La libertad de un maestro en una institución educacional Cristiana, escuela, colegio, universidad o seminario, está siempre limitada por la preeminencia de Jesucristo, la naturaleza autoritativa de las Escrituras, y por el propósito distintivo para el cual la escuela existe. Deuteronomio 4.1,5,9,14; 6.1-10; 31.12-13; Nehemías 8.1-8; Job 28.28; Salmos 19.7 sgts. 119.11; Proverbios 3.13 y sgts.; 4.1-10; 8.1-7,11; 15.14; Eclesiastés 7.19; Mateo 5.2; 7.2 y sgts.; 28.19-20; Lucas 2.40; 1 Corintios 1.18-31; Efesios 4.11-16; Filipenses 4.8; Colosenses 2.3,8-9; 1 Timoteo 1.3-7; 2 Timoteo 2.15; 3.14- 17; Hebreos 5.12-6.3; Santiago 1.5; 3.17.

XIII. Mayordomía

Dios es la fuente de todas las bendiciones, temporales y espirituales; todo lo que tenemos y somos se lo debemos a Él. Los Cristianos están endeudados espiritualmente con todo el mundo, un encargo santo en el evangelio, y una mayordomía obligatoria en sus posesiones. Por tanto, están bajo la obligación de servir a Dios con su tiempo, talentos y posesiones materiales; y deben reconocer que todo esto les ha sido confiado para que lo usen para la gloria de Dios y para ayudar a otros. De acuerdo con las Escrituras, los Cristianos deben contribuir de lo que tienen, alegre, regular, sistemática, proporcional y liberalmente para el progreso de la causa del Redentor en la tierra. Génesis 14.20; Levítico 27.30-32; Deuteronomio 8.18; Malaquías 3.8-12; Mateo 6.1-4,19-21; 19.21; 23.23; 25.14-29; Lucas 12.16-21,42; 16.1-13; Hechos 2.44-47; 5.1-11; 17.24; 25.20-35; Romanos 6.6-22; 12.1-2; 1 Corintios 4.1-2; 6.19-20; 12; 16.1-4; 2 Corintios 8-9; 12.15; Filipenses 4.10-19; 1 Pedro 1.18-19.

XIV. Cooperación

El pueblo de Cristo debe, según la ocasión lo requiera, organizar tales asociaciones y convenciones que puedan asegurar de la mejor manera posible la cooperación necesaria para lograr los grandes objetivos del Reino de Dios. Tales organizaciones no tienen autoridad una sobre otra ni sobre las iglesias. Ellas son organizaciones voluntarias para aconsejar, para descubrir, combinar y dirigir las energías de nuestro pueblo de la manera más eficaz. Los miembros de las iglesias del Nuevo Testamento deben cooperar unos con otros en llevar adelante los ministerios misioneros, educacionales y benevolentes para la extensión del Reino de Cristo. La unidad Cristiana en el sentido del Nuevo Testamento, es armonía espiritual y cooperación voluntaria para fines comunes por varios grupos del pueblo de Cristo. La cooperación entre las denominaciones Cristianas es deseable, cuando el propósito que se quiere alcanzar se justifica en sí mismo, y cuando tal cooperación no incluye violación alguna a la conciencia ni compromete la lealtad a Cristo y su Palabra como se revela en el Nuevo Testamento. Éxodo 17.12; 18.17 y sgts.; Jueces 7.21; Esdras 1.3-4; 2.68-69; 5.14-15; Nehemías 4; 8.1-5; Mateo 10.5-15; 20.1-16; 22.1-10; 28.19-20; Marcos 2.3; Lucas 10.1 y sgts.; Hechos 1.13-14; 2.1 y sgts.; 4.31-37; 13.2-3; 15.1-35; 1 Corintios 1.10-17; 3.5-15; 12;2 Corintios 8 y 9; Gálatas 1.6-10; Efesios 4.1-16; Filipenses 1.15-18.

XV. El Cristiano y el Orden Social

Todos los Cristianos están bajo la obligación de procurar hacer que la voluntad de Cristo sea soberana en nuestras propias vidas y en la sociedad humana. Los medios y los métodos usados para mejorar la sociedad y para el establecimiento de la justicia entre los hombres pueden ser verdadera y permanentemente útiles solamente cuando están enraizados en la regeneración del individuo por medio de la gracia salvadora de Dios en Jesucristo. En el espíritu de Cristo, los cristianos deben oponerse al racismo, a toda forma de codicia, egoísmo, vicio, a todas las formas de inmoralidad sexual, incluyendo el adulterio, la homosexualidad y la pornografía. Nosotros debemos trabajar para proveer para los huérfanos, los necesitados, los abusados, los ancianos, los indefensos y los enfermos. Debemos hablar a favor de los que no han nacido y luchar por la santidad de toda la vida humana desde la concepción hasta la muerte natural. Cada cristiano debe procurar hacer que la industria, el gobierno y la sociedad como un todo estén regidos por los principios de la justicia, la verdad y el amor fraternal. Para promover estos fines los Cristianos deben estar dispuestos a trabajar con todos los hombres de buena voluntad en cualquier causa, siendo siempre cuidadosos de actuar en el espíritu de amor sin comprometer su lealtad a Cristo y a su verdad. Éxodo 20.3-17; Levítico 6.2-5; Deuteronomio 10.12; 27.17; Salmos 101.5; Miqueas 6.8; Zacarías 8.16; Mateo 5.13-16,43-48; 22.36-40; 25.35; Marcos 1.29-34; 2.3 y sgts.; 10.21; Lucas 4.18-21; 10.27-37; 20.25; Juan 15.12; 17.15; Romanos 12-14; 1 Corintios 5.9-10; 6.1-7; 7.20-24; 10.23-11-1; Gálatas 3.26-28; Efesios 6.5-9; Colosenses 3.12-17; 1 Tesalonicenses 3.12; Filemón; Santiago 1.27; 2.8.

XVI. Paz y Guerra

Es el deber de todo cristiano buscar la paz con todos los hombres basándose en los principios de justicia. De acuerdo con el espíritu y las enseñanzas de Cristo, ellos deben hacer todo lo que esté de su parte para poner fin a la guerra. El verdadero remedio al espíritu guerrero es el evangelio de nuestro Señor. La necesidad suprema del mundo es la aceptación de sus enseñanzas en todas las relaciones de hombres y naciones, y la aplicación práctica de su ley de amor. Las personas Cristianas en todo el mundo deben orar por el reino del Príncipe de Paz. Isaías 2.4; Mateo 5.9,38-48; 6.33; 26.52; Lucas 22.36,38; Romanos 12.18-19; 13.1-7; 14.19; Hebreos 12.14; Santiago 4.1-2.

XVII. Libertad Religiosa

Solamente Dios es Señor de la conciencia, y Él la ha dejado libre de las doctrinas y de los mandamientos de hombres que son contrarios a su Palabra o no contenidos en ella. La iglesia y el estado deben estar separados. El estado debe protección y completa libertad a toda iglesia en el ejercicio de sus fines espirituales. Al proveer tal libertad ningún grupo eclesiástico o denominación debe ser favorecida por el estado sobre otros grupos. Como el gobierno civil es ordenado por Dios, es deber de los Cristianos rendirle obediencia leal en todas las cosas que no son contrarias a la voluntad revelada de Dios. La iglesia no debe recurrir al poder civil para realizar su obra. El evangelio de Cristo considera solamente los medios espirituales para alcanzar sus fines. El estado no tiene derecho a imponer penalidades por opiniones religiosas de cualquier clase. El estado no tiene derecho a imponer impuestos para el sostenimiento de ninguna forma de religión. El ideal cristiano es el de una iglesia libre en un estado libre, y esto implica el derecho para todos los hombres del acceso libre y sin obstáculos a Dios, y el derecho a formar y propagar opiniones en la esfera de la religión, sin interferencia por parte del poder civil. Génesis 1.27; 2.7; Mateo 6.6-7,24; 16.26; 22.21; Juan 8.36; Hechos 4.19-20; Romanos 6.1-2; 13.1-7; Gálatas 5.1,13; Filipenses 3.20; 1 Timoteo 2.1-2; Santiago 4.12; 1 Pedro 2.12-17; 3.11-17; 4.12.19.

XVIII. La Familia

Dios ha ordenado la familia como la institución fundamental de la sociedad humana. Está compuesta por personas relacionadas unas con otras por matrimonio, sangre o adopción. El matrimonio es la unión de un hombre y una mujer en un pacto de compromiso por toda la vida. Es el don único de Dios para revelar la unión entre Cristo y Su iglesia y para proveer para el hombre y la mujer en el matrimonio un medio para compañerismo íntimo, el canal para la expresión sexual de acuerdo a los patrones bíblicos, y los medios para la procreación de la raza humana. El esposo y la esposa tienen el mismo valor delante de Dios, puesto que ambos fueron creados a la imagen de Dios. La relación matrimonial modela la forma como Dios se relaciona con su pueblo. Un esposo debe amar a su esposa como Cristo amó a la iglesia. Él tiene la responsabilidad dada por Dios de proveer, proteger y dirigir a su familia. Una esposa debe someterse con gracia al liderazgo como siervo de su esposo, así como la iglesia se sujeta voluntariamente a la dirección de Cristo. Ella, siendo creada a la imagen de Dios como lo es su marido, y por tanto igual a él, tiene la responsabilidad dada por Dios de respetar a su marido y servirle de ayuda en la administración del hogar y la educación de la próxima generación. Los niños, desde el momento de la concepción, son una bendición y herencia del Señor. Los padres deben demostrar a sus hijos el modelo de Dios para el matrimonio. Los padres deben enseñar a sus hijos los valores espirituales y morales, y dirigirlos, mediante el ejemplo de un estilo de vida consistente y una disciplina amorosa, para que hagan decisiones basadas en la verdad bíblica. Los hijos deben honrar y obedecer a sus padres. Génesis 1.26-28; 2.15-25; 3.1-20; Éxodo 20.12; Deuteronomio 6.4-9; Josué 24.15; 1 Samuel 1.26-28; Salmos 51.5; 78.1-8; 127; 128; 139.13-16; Proverbios 1.8; 5.15- 20; 6.20-22; 12.4; 13.24; 14.1; 17.6; 18.22; 22.6,15; 23.13-14; 24.3: 29.15,17; 31.10-31; Eclesiastés 4.9-12; 9.9; Malaquías 2.14-16; Mateo 5.31-32; 18.2-5; 19.3-9; Marcos 10.6-12; Romanos 1.18-32; 1 Corintios 7.1-16; Efesios 5.21-33; 6.1-4; Colosenses 3.18-21; 1 Timoteo 5.8,14; 2 Timoteo 1.3-5; Tito 2.3-5;

Declaración de Chicago sobre Infalibilidad Bíblica

Artículo I.

AFIRMAMOS que las Santas Escrituras deben de ser recibidas como la absoluta Palabra de Dios. NEGAMOS de que las Escrituras reciban su autoridad de la Iglesia, de la tradición o de cualquier otra fuente humana.

Artículo II.

AFIRMAMOS que las Escrituras son la suprema norma escrita por la cual Dios enlaza la conciencia, y que la autoridad de la Iglesia está bajo la autoridad de las Escrituras. NEGAMOS de que los credos de la Iglesia, los concilios o las declaraciones tengan mayor o igual autoridad que la autoridad de la Biblia.

Artículo III.

AFIRMAMOS que la Palabra escrita es en su totalidad la revelación dada por Dios. NEGAMOS de que la Biblia sea simplemente un testimonio de la revelación, o sólo se convierta en revelación cuando haya contacto con ella, o dependa de la reacción del hombre para confirmar su validez.

Artículo IV.

AFIRMAMOS que Dios, el cual hizo al hombre en su imagen, usó el lenguage como medio para comunicar su revelación. NEGAMOS de que el lenguaje humano esté tan limitado por nuestra humanidad que sea inadecuado como un medio de revelación divina. Negamos además de que la corrupción de la cultura humana y del lenguaje por el pecado haya coartado la obra de inspiración de Dios.

Artículo V.

AFIRMAMOS que la revelación de Dios en las Sagradas Escrituras fue hecha en una forma progresiva. NEGAMOS de que una revelación posterior, la cual puede completar una revelación inicial, pueda en alguna forma corregirla o contradecirla. Negamos además de que alguna revelación normativa haya sido dada desde que el Nuevo Testamento fue completado.

Artículo VI.

AFIRMAMOS que las Sagradas Escrituras en su totalidad y en cada una de sus partes, aún las palabras escritas originalmente, fueron divinamente inspiradas. NEGAMOS de que la inspiración de las Escrituras pueda ser considerada como correcta solamente en su totalidad al margen de sus partes, o correcta en alguna de sus partes pero no en su totalidad.

Artículo VII.

AFIRMAMOS que la inspiración fue una obra por la cual Dios, por medio de su Espíritu y de escritores humanos, nos dio su Palabra. El origen de la Escrituras es divino. El modo usado para transmitir esta inspiración divina continúa siendo, en gran parte, un misterio para nosotros. NEGAMOS de que esta inspiración sea el resultado de la percepción humana, o de altos niveles de concientización de cualquier clase.

Artículo VIII.

AFIRMAMOS que Dios, en su obra de inspiración, usó la personalidad característica y el estilo literario de cada uno de los escritores que El había alegido y preparado. NEGAMOS de que Dios haya anulado las personalidades de los escritores cuando causó que ellos usaran las palabras exactas que El había elegido.

Artículo IX.

AFIRMAMOS que la inspiración de Dios, la cual de ninguna manera les concedía omnisciencia a los autores bíblicos, les garantizaba sin embargo, que sus declaraciones eran verdaderas y fidedignas en todo a lo que éstos fueron impulsados a hablar y a escribir. NEGAMOS de que el finitismo o el estado de perdición de estos escritores, por necesidad o por cualquier otro motivo, introdujeran alguna distorsión de la verdad o alguna falsedad en la Palabra de Dios.

Artículo X.

AFIRMAMOS que la inspiración de Dios, en sentido estricto, se aplica solamente al texto autográfico de las Escrituras, el cual gracias a la providencia de Dios, puede ser comprobado con gran exactitud por los manuscritos que están a la disposición de todos los interesados. Afirmamos además que las copias y traducciones de la Escrituras son la Palabra de Dios hasta el punto en que representen fielmente los manuscritos originales. NEGAMOS de que algún elemento esencial de la fe cristiana esté afectado por la ausencia de los textos autográficos. Negamos además de que la ausencia de dichos textos resulte en que la reafirmación de la inerrabilidad bíblica sea considerada como inválida o irrelevante.

Artículo XI.

AFIRMAMOS que las Escrituras, habiendo sido divinamente inspiradas, son infalibles de modo que nunca nos podrían engañar, y son verdaderas y fiables en todo lo referente a los asuntos que trata. NEGAMOS de que sea posible que la Biblia en sus declaraciones, sea infalible y errada al mimo tiempo. La infalibilidad y la inerrabilidad pueden ser diferenciadas pero no separadas

Artículo XII.

AFIRMAMOS que la Biblia es inerrable en su totalidad y está libre de falsedades, fraudes o engaños. NEGAMOS de que la infalibilidad y la inerrabilidad de la Biblia sean sólo en lo que se refiera a temas espirituales, religiosos o redentores, y no a las especialidades de historia y ciencia. Negamos además de que las hipótesis científicas de la historia terrestre puedan ser usadas para invalidar lo que enseñan las Escrituras acerca de la creación y del diluvio universal.

Artículo XIII.

AFIRMAMOS que el uso de la palabra inerrabilidad es correcto como término teológico para referirnos a la completa veracidad de las Escrituras. NEGAMOS de que sea correcto evaluar las Escrituras de acuerdo con las normas de verdad y error que sean ajenas a su uso o propósito. Negamos además de que la inerrabilidad sea invalidada por fenómenos bíblicos como la falta de precisión técnica moderna, las irregularidades gramaticales u ortográficas, las descripciones observables de la naturaleza, el reportaje de falsedades, el uso de hipérboles y de números completos, el arreglo temático del material, la selección de material diferente en versiones paralelas, o el uso de citas libres.

Artículo XIV.

AFIRMAMOS la unidad y consistencia intrínsicas de las Escrituras. NEGAMOS de que presuntos errores y discrepancias que todavía no hayan sido resueltos menoscaben las verdades declaradas en la Biblia.

Artículo XV.

AFIRMAMOS que la doctrina de la inerrabilidad está basada en la enseñanza bíblica acerca de la inspiración. NEGAMOS de que las enseñanzas de Jesús acerca de las Escrituras puedan ser descartadas por apelaciones a complacer o a acomodarse a sucesos de actualidad, o por cualquier limitación natural de su humanidad.

Artículo XVI.

AFIRMAMOS que la doctrina de la inerrabilidad ha sido esencial durante la historia de la Iglesia en lo que a su fe se refiere. NEGAMOS de que la inerrabilidad sea una doctrina inventada por el protestantismo académico, o de que sea una posición reaccionaria postulada en respuesta a una crítica negativa de alto nivel intelectual.

Artículo XVII.

AFIRMAMOS que el Espíritu Santo da testimonio de las Escrituras y asegura a los creyentes de la veracidad de la Palabra escrita de Dios. NEGAMOS de que este testimonio del Espíritu Santo obre separadamente de las Escrituras o contra ellas.

Artículo XVIII.

AFIRMAMOS que el texto de las Escrituras debe interpretarse por la exégesis gramática histórica, teniendo en cuenta sus formas y recursos literarios, y de que las Escrituras deben ser usadas para interpretar cualquier parte de sí mismas. RECHAZAMOS la legitimidad de cualquier manera de cambio del texto de las Escrituras, o de la búsqueda de fuentes que puedan llevar a que sus enseñanzas se consideren relativas y no históricas, descártandolas o rechazando su declaración de autoría.

Artículo XIX.

AFIRMAMOS que una confesión de la completa autoridad, infalibilidad e inerrabilidad de las Escrituras es fundamental para tener una comprensión sólida de la totalidad de la fe cristiana. Afirmamos además que dicha confesión tendría que llevarnos a una mayor conformidad a la imagen de Jesucristo. NEGAMOS de que dicha confesión sea necesaria para ser salvo. Negamos además, sin embargo, de que esta inerrabilidad pueda ser rechazada sin que tenga graves consecuencias para el individuo y para la Iglesia.

La Declaración de Danvers | CBMW

Fundamento

Hemos sido movidos hacia este propósito por algunos acontecimientos contemporáneos que hemos observado y que han sido motivo de preocupación:
• La gran incertidumbre y confusión que ha llegado a manifestarse en nuestra cultura sobre las diferencias complementarias que existen entre la masculinidad y feminidad;
• Los efectos trágicos de esta confusión están penetrando el matrimonio como tal; ese tapiz que ha sido tejido por Dios con los preciosos y diversos hilos de la masculinidad y la feminidad;
• La promoción creciente que se le ha dado al igualitarianismo feminista con las distorsiones que comúnmente le acompañan, o el abandono y desatención que se le ha dado a la alegre armonía que debe existir entre el liderazgo amoroso y humilde de un esposo redimido y el soporte inteligente y dispuesto de este liderazgo por parte de una esposa redimida, tal como lo ilustran las Escrituras;
• La vasta ambivalencia que existe con respecto a valores tales como la maternidad, la profesión de ama de casa, y los muchos otros ministerios que han sido históricamente desempeñados por mujeres;
• Los incrementos en los reclamos sobre la legitimidad de las relaciones sexuales que bíblica e históricamente han sido consideradas ilícitas o perversas, y el aumento en la representación pornográfica de la sexualidad humana;
• El recrudecimiento del abuso físico y emocional dentro de las familias;
• La aparición de roles dentro del liderazgo de la iglesia, tanto para mujeres como para hombres, que no se conforman a las enseñanzas bíblicas, sino que resultan en la deformación del testimonio y fidelidad bíblica;
• El incremento, preponderancia y aceptación de errores o rarezas hermenéuticas elaboradas con la intención de re-interpretar significados de textos que están obviamente claros en la Biblia;
• La consiguiente amenaza a la autoridad bíblica cuando la claridad de las Escrituras es puesta en riesgo y cuando la accesibilidad de su significado para las personas comunes y corrientes retrocede al ámbito restringido del ingenio técnico;
• Y detrás de todo esto, la aparente conformación de algunos miembros de la iglesia de Cristo al espíritu de estos tiempos, a expensas de la atractiva autenticidad bíblica, que puede reformar en lugar de reflejar nuestra cultura enferma, por medio del poder del Espíritu Santo.

Afirmaciones

Basado en nuestro entendimiento de las enseñanzas bíblicas, afirmamos lo siguiente:
Tanto Adán como Eva credos fueron creados a imagen de Dios, igual delante de Dios como personas y distintos en su masculinidad y feminidad. (Gen 1:26-27, 2:18).
• Las distinciones en los roles masculinos y femeninos son ordenados por Dios como parte del orden de la creación, y esta verdad debe resonar en todo corazón humano. (Gen 2:18, 21-24; 1 Co. 11:7-9; 1 Tim 2:12-14).
• El liderazgo de Adán dentro del matrimonio fue establecido por Dios desde antes de la caída y no fue resultado del pecado. (Gen 2:16-18, 21-24; 3:1-13; 1 Co. 11:7-9).
• La caída introdujo distorsiones dentro de las relaciones entre la mujer y el hombre. (Gen 3:1-7, 12, 16).
A. Dentro del hogar, el liderazgo amoroso y humilde del hombre tiende a ser reemplazado por dominio o pasividad; la sumisión voluntaria e inteligente de la mujer tiende a ser reemplazada por el deseo de usurpar la posición o el servilismo. B. En la iglesia, el pecado tiende a inclinar a los hombres hacia un amor mundano por el poder o una abdicación de sus responsabilidades espirituales, e inclina a la mujer a resistirse a las limitaciones de sus roles o a abandonar el uso de sus dones en los ministerios apropiados.
• El Antiguo Testamento, así como el Nuevo Testamento, manifiestan el alto valor, igualdad y dignidad que Dios le concedió a los roles masculinos y femeninos. (Gen 1:26-27, 2:18; Gal 3:28). Ambos testamentos también afirman los principios de liderazgo masculino, tanto en la familia como en la comunidad de la iglesia. (Gen 2:18; Ef 5:21-33; Col 3:18-19; 1 Tim 2:11-15). La redención en Cristo apunta hacia la remoción de las distorsiones causadas por la maldición.
• Dentro de las familias, los esposos deben renunciar al liderazgo áspero, fuerte y egoísta y deben crecer en amor y cuidado hacia sus esposas; las esposas deben renunciar a resistirse a la autoridad de sus esposos y crecer en la sumisión voluntaria y gozosa a esa autoridad. (Ef 5:21-33; Col 3:18-19; Tito 2:3-5; 1 Pe 3:1-7)
• En la iglesia, la redención en Cristo le da tanto a los hombres como a las mujeres igual participación en las bendiciones de la salvación; no obstante, algunos de los roles en el gobierno y la enseñanza dentro de la iglesia están restringidos a los hombres. (Gal 3:28; 1 Co. 11:2-16; 1 Tim 2:11-15).
• En todos los ámbitos de la vida, Cristo es la autoridad suprema y la guía de todos los hombres y mujeres, de forma tal que ninguna sumisión terrenal, ya sea doméstica, religiosa o civil en alguna ocasión intente convertirse en autoridad que los lleve a pecar. (Dan 3:10-18; He. 4:19-20; 5:27-29; 1 Pe. 3:1-2).
Tanto en hombres como mujeres, el llamado sentimental del corazón hacia algún ministerio nunca deberá imperar sobre los criterios bíblicos. (1 Tim 2:11-15; 3:1-13; Tito 1:5-9). Contrariamente a ello, la enseñanza bíblica debe permanecer siendo la autoridad para someter a prueba nuestro discernimiento subjetivo de la voluntad de Dios.
Con la mitad de la población mundial fuera del alcance del evangelismo autóctono; con otras numerosas personas perdidas en aquellas sociedades que han escuchado el Evangelio; con las presiones y las miserias de la enfermedad, desnutrición, analfabetismo, ignorancia, desamparo, adicciones, crímenes, encarcelamientos, neurosis, y soledad, ningún hombre o mujer que sienta pasión por Dios y de dar a conocer Su gracia en hechos y palabras deberá vivir sin llevar a cabo un ministerio para la gloria de Dios y el bien de este mundo caído. (1 Co. 12:7-21).
Estamos convencidos de que la negación o el abandono de estos principios llevarán a un incremento de las consecuencias destructivas en nuestras familias, nuestras iglesias y la cultura en general.

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SOLA FIDE

SOLA GRATIA

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